19 junio 2013

Un pintor: Denis Frémond.

Un puente en París, la Place des Vosges, domingo por la mañana, ruta por galerías y, ¡oh!, descubrimiento.

- ¿Disculpe señora, a cuánto está el Denis Frémond?
- Mire, justo tenemos estas litografías recién horneadas y fenomenal de precio. Se están vendiendo estupendamente. Nos las quitan de las manos, no le digo más.
- Pues póngame una, por favor.
- ¿Para tomar aquí o para llevar?
- Para llevar.
- Se la voy envolviendo...
- ¡Ah! Espere, póngame ésta también. Es que hoy ando con gula y ya que estoy con esto del arte...
- ¿Para llevar también?
- Sí, gracias.

Básicamente, así es como hice mi primera, y previsiblemente única, inversión en Arte (le voy a poner una mayúscula, que tiene más poderío).

Y me dejé llevar por el impulso inversor y nada consumista... Sabía que si no compraba esos cuadros, estaría arrepintiéndome durante mucho tiempo. Y los idealizaría. Y entonces intentaría hacerme con alguna de sus obras pero Denis Frémond no habría hecho más litografías y entonces ya nunca estarían en mi pared porque valen una pasta.

Viendo el horrible posible desenlace, tenía que comprarlos. Además, era mi cumpleaños, era mi primer fin de semana sin peluca, había sido un año muy duro, tenía dos paredes libres y necesitadas y una infinita lista de motivos de peso y que dan un montón de pena y que llevan, irremediablemente, a su adquisición.

Os dejo aquí algunas de sus obras (óleo sobre lienzo), a ver si os gustan tanto como a mí. Si no es el caso, resérvate tu opinión, que ya los he colgado en casa.




Émergence 


Les Pins Parasol


Under my soul II


Silently



Calvin Klein III




Chant à l´étrangère III




That Voice


Si ya sabía yo que me quedaría sin litografías.

17 junio 2013

El último en llegar.

Íñigo ha sido el último bebé en incorporarse a la segunda generación de amigos que estamos creando a base de reproducirnos.

 

No, no es comprado ni prestado ni alquilado. Tenemos unos colegas que los fabrican así de serie; éste es el segundo retoño ideal que te mueres y quieres uno igualito que tienen.

 

No, las fotos no son de Anne Geddes. Íñigo no sale de ninguna coliflor, no está rodeado de perritos, gatitos, pollitos o patitos y no lleva un cascarón de huevo en la cabeza. Obviamente, no son las típicas; yo no podría meter a mi hijo en una cesta de mimbre sin caer en el más espantoso ridículo. Pero un profesional sí. Y quedan increíbles.

 

La sesión fue nuestro regalo de bienvenida al recién nacido. Y a J., su mamá, le gustó tanto (y estaba tan hormonal) que se le cayeron dos lagrimones cuando abrió la cajita de Little Fiuza y descubrió de qué se trataba.
 


El resultado ha sido un éxito. La experiencia del shooting estuvo genial, J. la disfrutó mucho. Las fotos han quedado súper bonitas. Y tiene un recuerdo de su bebé y de sus amigas en todos los marcos de su casa.



El problema es que ahora todas queremos:
- Una sesión de fotos con Inma Fiuza.
- Un niño como el de J. o, directamente, quedarnos con el propio Íñigo.
- Meter a nuestros retoños en cajas, colgarlos de ramas, despelotarles y fotografiarles sin parar.



Creo que íñigo va a ser mi fondo de pantalla de ordenador, de móvil, mi foto de perfil de todos sitios, mi felicitación de Navidad, de cumpleaños...



13 junio 2013

Finde de chicas o papás a solas.

Nos vamos de despedida, pasaremos el finde fuera. La noche del sábado no dormimos en casa. Hay que organizarse, muchas son madres de, por lo menos, un bebé. Así que llegó el momento... Y ellos se quedaron solos a cargo de sus retoños.


DÍAS ANTES
Nervios por ambas partes. Mamá va a dejar a la criatura sola con su progenitor por primera vez. Papá inaugura vivencias, enfrentándose a la soledad de los cuidados paternales.

Los niveles de atención se multiplican según se acerca la partida. Cada miembro de la pareja examina exhaustivamente los movimientos del otro. Desarrollan instintos felinos, están alerta. Apuntan cada gesto, recuerdan cada maniobra, toman nota mental de cada detalle.

Mamá controla a papá.
Fisga cómo hace cada cosa cuando -se supone- él está al mando.
Analiza el peligro. Mide la distancia de la cabeza de la criatura con cada esquina. Estudia lo cerca que ha estado de tragarse una pila, meter los dedos en el enchufe o caerse del sofá. Evalúa la temperatura del baño, la papilla y el biberón con precisión termométrica.
Trata de no interrumpir cada 10 segundos. Se esfuerza por no corregir cada acción. Se muerde la lengua para no soltar “¡Trae, anda, trae!”.
Es consciente de que ella lo hace mejor. Es más rápida, más productiva, más eficiente. Porque ha metido más horas, pero muchísimas más, y eso da una soltura de la que ellos carecen.

  
Pero se esfuerza y le deja hacer. Porque ella se va a ir. Y, en el balance mental de la situación, es mejor hacer pequeñas cuñas radiofónicas desde la otra habitación “¡Cariñoooo, voy a guardar los pijamas en el cajón de los pijamas. Ya sabes, es el segundo empezando por abajo del armario de la derecha del todo!”. Más vale que sobre información.

Y papá controla a mamá.
Es como una esponja. No quiere que nada se le escape. Necesita conocer todo lo que ignoraba hasta ahora, tener todos los recursos a su alcance. Absorbe cada pequeño gesto con fruición, como si en él pudiese estar la clave (de hecho, puede que ahí esté la respuesta).
Parece que el bebé y ella hablan en un idioma que a él se le ha olvidado aprender. Ella conoce el origen de cada llanto con sólo medio segundo de listening: “Está cansado. Tiene hambre. Gases. Se aburre. Los dientes.”. Y él no sabe si, llegado el momento, acertará con la solución.

  
Todo lo que no parecía importante meses atrás, ahora se torna fundamental. Claro, lo va a tener que hacer él solito. Y no siempre sabe cómo va. “¿Tenemos un cajón de pijamas?”.

Y mamá tiene que confiar en papá. Y papá tiene que sentirlo.
Ésta es la parte complicada. Los dos saben que esto es un examen, pero no puede parecerlo. Además, a ninguno le gusta el papel que le ha tocado.


Ella tiene agujetas en los ojos y patas de gallo marcadísimas de mirar con ojos de sospecha. El escrutinio al que ha sometido a su pareja en las últimas 72 horas es agotador.
Él está nervioso, lleva unos días que todo le sale al revés. Está perdiendo seguridad en sí mismo. No puede con más presión. Ella se ha transformado en una sombra, sobrevuela la casa en silencio pero él nota su aliento en la nuca. Sabe que le está mirando en el reflejo de la ventana, en el del espejo, por la puerta que ha quedado entreabierta...

Pero juegan a que no pasa nada. Aunque hoy papá se está enredando con el asunto del pijama. Y sabe que ella se está dando cuenta de la jugada (desconoce que los sentidos arácnidos maternos se despertaron con el sonido entrecortado del primer corchete).
Y esperan ansiosos...


Y LLEGÓ EL GRAN DÍA
Las chicas nos vamos y los peques se quedan con papá.
Al principio, hay nervios, miradas al móvil cada tres minutos por si él ha estado llamando, hay algún mensaje, un whatsapp. Pero no, no ha llamado. Se hace entonces la pertinente llamada de control “¿Qué tal vais? ¿Ha comido bien? ¿Ha dormido?”. Y sí, ha hecho todo, están en el parque encantados de la vida, tomando unas cañas con los demás padres, cada uno con su bebé.
Y, entonces, ellas se relajan, se piden también su cervecita y empieza el momento desconexión. Todo parece bajo control. Y para cerciorarse hacen la última llamada del día.


¡Conseguido!
Mamá se ha ido de fiesta y ha disfrutado de uno de sus primeros momentos para ella desde hace meses.
Papá lo ha hecho requetebién con la criatura.
Y los dos han disfrutado del fin de semana. Bueno, mamá más.
  
Y, visto lo visto, sólo queda repetir.


Nota a los padres: Nunca hacer una llamada para preguntar evidencias. Si no encuentras los biberones, vas a la farmacia y compras cinco. No hay que perturbar jamás la frágil, y algo (es)forzada, tranquilidad con bobadas. Sólo generarás inseguridad (que a lo mejor te interesa, para no repetir) y quedarás como un incompetente.

10 junio 2013

Excusas dramáticas.

Todos hemos utilizado disculpas para no hacer algo. Pasar de una cena, una quedada con amigos, compromisos familiares. Porque te da muchísima pereza, tanta, que no estás dispuesto a hacer el esfuerzo que supone levantarte del sofá. Aunque te vaya a compensar con creces salir, airearte y cargar las pilas. Pero eres es incapaz de mirar más allá y decides lanzar una excusa drama.

Encuadro en este género todos aquellos motivos melodramáticos que expones ante el público -que sí va a ir al evento del que te quieres escaquear- pero que les impide decir “¡Menuda excusaza! Lo que pasa es que no te apetece venir.” porque parecerían unos miserables.


Todos sabemos que se trata de una excusa drama porque las hemos utilizado alguna vez y, claro, podemos detectarlas. Pero necesitamos soltarla.



EXCUSA DRAMA NIVEL I
Las más clásicas y habituales, valen para cualquier situación.

Estoy agotado.
Es la ganga de las excusas drama. “El perro se comió los deberes” del mundo adulto. Responderías mil millones de cosas porque “¡Joder, yo también estoy cansado! A ver si te piensas que yo no curro, no tengo familia y me paso las horas tocándome los pies.” pero, normalmente, no dices nada. Aunque puede ser que esté tan trillada que dejes caer una ironía con cara maléfica porque se te están hinchando las narices. “Estás siempre muy cansado, ¿no? A ver si vas a tener anemia. Yo me haría unos análisis...”.

No me encuentro muy bien.
Es la segunda más barata de las excusas drama. Está muy, muy vista y nada currada. Es lo más parecido al “No me apetece una mierda.” que se despacha. Obviamente, el público sabe de sobra que no quieres ir y punto. Pero no dirá nada porque hemos tocado, muy de refilón, el tema malestar físico.

Estoy cansada, es que con esto del embarazo llego a casa y sólo quiero tirarme en el sofá...
Si eres de las pioneras, tu entorno no sospechará y saldrás airosa aunque estés de 7 semanas y te encuentres como una rosa.
Si tu audiencia cuenta ya con algo de experiencia en la maternidad, se sabrá que es una excusa drama muy poco elaborada.
Si se lo sueltas a tus amigas que, aun estando embarazadas, con nauseas infernales, tripas gigantescas, otro bebé y 40 semanas pasadas de embarazo, han hecho eso de lo que tú te quieres escaquear, es que no sé en qué estabas pensando...
¡¿De verdad creías que iba colar?!

Tengo un poco de fiebre.
Evolución natural del No me encuentro muy bien, subiendo la apuesta con autodiagnóstico médico, que suena mucho más serio... Como la excusa drama no incluye temperatura, , es probable que esté entre 36,5º y 37,1º, una febrícula de nada, sino lo mencionarías seguro y pasaríamos a la siguiente fase...

Estoy con 38º.
Si es excusa drama o no dependerá de la evolución de la “enfermedad”.
Si lo dices a mediados de semana y, al día siguiente, curras, te vas de compras o a tomar unos vinos, te pillamos, era una coartada.
Si lo comentas un viernes, elabora un poco más y no te olvides de apostillar que te has pasado el fin de semana en casa en la cama para que suene más verídico. En cualquier caso, no se recomienda abusar de la fiebre, tu audiencia acabará sospechando.


EXCUSA DRAMA NIVEL II
Pasamos a una cota superior de excusa dramática. Éstas se utilizan para no acudir a temas importantes (bodas, eventos familiares, planes de fin de semana...). Por supuesto, hace falta que se den determinadas circunstancias, sino serían unas trolas imperdonables.
Puedo parecer insensible pero es que hemos subido de categoría, estamos en un Nivel II y son excusas mayores... Lo que sucede, como en el Nivel I, es que no tienes ni media gana de hacer algo, te supone un esfuerzo mastodóntico y ésta es la respuesta perfecta: te libras de ir, no te sientes culpable y puedes incluso llegar a ser el centro de atenciones y cuidados de tu público.
Nota: Si utilizas un Tipo II para una cena o una comida, te estás sobreexcusando. Tu audiencia sabrá, esta vez por exceso, que estás utilizando un subterfugio muy elaborado y que eres, además, un cabrón por hacerlo.

Tengo que cuidar de un pariente enfermo (grado variable pero no alarmante) o con alguna incapacidad (no excesivamente limitadora).
Si otras veces que sí te apetecía hacer algo, ese familiar se podía quedar en casa solo y tú te pirabas tranquilamente, es excusa.
Si hay más familiares que pueden hacerse cargo de él y que nunca salen y este finde tampoco, es excusa.
Si te toca a ti pero pasas de cambiar el turno como haces otras veces que tienes ganas, es excusa.
Así que, sí, te pillamos, no tienes ganas de ir pero sabes que te estás pegando una escaqueada memorable y recurres al drama. Pero nadie dirá nada porque suena fatal. Pero sigue siendo una excusa.

Tengo que cuidar de mi padre/madre/hermano hospitalizado o muy enfermo.
Subimos la apuesta.
Si has tenido algún familiar hospitalizado conoces bien el funcionamiento; lo más habitual es hacer turnos (para no coincidir todos al mismo tiempo o que uno pringue las 24 horas). Así que, en algún momento, te toca librar y se hace un hueco en tu agenda.
Normalmente, mencionas al enfermo en lugar del cansancio -que es lo que realmente te pasa- porque la situación requiere un pretexto potente o porque quieres dar un poco de pena y que te hagan caso y unos mimos. En ambos casos es garantía de éxito.
No soy ninguna despiadada, sé que es una excusa drama porque yo he tenido a mi padre, a mi madre y a mis hermanas hospitalizados y una de las cosas que más me apetecía era pirarme de allí y hacer cualquier cosa. Otras, lo último que quería era salir y hablaba de hospitales y enfermedades. Era cierto pero era una disculpa. No tenía ganas, me daba pereza y prefería quedarme en casa.

Es que con esto de la quimio...
¡Órdago a excusa drama!
Obviamente, ésta no la puede utilizar todo el mundo. Pero es la más eficaz de Nivel II. Tu público no suele tener experiencia y no sabe que te estás escaqueando. Pero tú sí. Hoy no te apetece hacer el esfuerzo que has hecho otras veces. Es excusa. Y sí, eres un poco hijo de puta porque estás escurriendo el bulto con un melodrama. Pero también sabes que esto no te lo va a discutir nadie porque parecerían unos insensibles de cuidado. Y esa certeza da mucha tranquilidad.

Así que no te creas todo lo que te dices porque, los demás, no siempre lo hacen.



06 junio 2013

Greatest hits de la maternidad.

Mi entorno está lleno de bebés, de cero a tres años, tenemos de todas las edades. Así que siempre hay una mamá viviendo alguno de los Grandes Momentos de la Maternidad.


Parto o Día D.
El principio de una carrera sin línea de meta. “En sus marcas, listos... ¡GO!”

La lactancia o La maldición de las matronas.
Ahora mismo es imposible librase de dar el pecho a tu retoño. Existe un talibanismo brutal. Viene la Bruja Maléfica con bata de enfermera y te suelta “Si no das el pecho a tu hijo, cuando cumpla 16 años, se pinchará el dedo con el huso de una rueca y morirá.”. Y a ti te está faltando tiempo para sacar la teta del camisón...

La lactancia II o El infierno es lácteo.
El chantaje emocional de las matronas ha surtido efecto. Tu conciencia descansará pero tú no. El precio a pagar por alcanzar la paz espiritual es muy alto y variado en sus formas.
- Las tetas se dividen ahora en zonas independientes y cada una de ellas tiene un tipo de dolor punzante y especial o especialmente punzante. Gran descubrimiento.
- Desconcierto ante tu total ignorancia sobre el tema: dudas terrenales, prácticas, existenciales, espirituales.... El referéndum que se monta en tu habitación sobre cómo y cuánto de mal lo estás haciendo tampoco ayuda.
- Increíble -y súper molesta- sorpresa cuando te sube la leche... ¡¿Pero qué tamaño pueden alcanzar sin reventar?!


Sueño (falta de) o Cómo el espacio-tiempo toma formas insospechadas.
¿Es posible que un día se haga eterno y corto a la vez?
¿Sólo ha pasado una semana?
¿Otra vez al pediatra? ¿No estuvimos ayer? Estamos todo el día allí...
¡¿Cómo que se me acaba la baja YA?!

Cólicos y berreos o Corrijo, el infierno es esto, lo del pecho era una bendición.
Algunas vivirán esta etapa más intensamente que otras. No te preocupes, sabrás a qué grupo perteneces. Si no lo tienes muy claro, eres de las que lo está teniendo fácil. Espera un poco y no tardarás en escuchar la frase del odio maternal máximo “Claro, así cualquiera es madre...”.

Destete o Antes no quería el pecho pero ahora no lo pienso soltar.
Nueva carambola infantil, tomadura de pelo de la criatura, la maternidad haciéndose la graciosilla, giro macabro del destino... Así es como funciona: el esfuerzo invertido en que te coja el pecho es inversamente proporcional a lo fácil que será pasar al biberón. A mayor dolor, sudor, lágrimas y grietas en los pezones, menores probabilidades de que el cambio se realice de un modo amistoso. Son bastante cabrones para medir 60 centímetros.

Las frutas o ¿Cómo es posible mancharse el párpado por dentro?
- Operación frutas en marcha. ¿Tenemos la artillería preparada?
- ¡Señor, sí, Señor!
- ¡Luz verde! Adelante con las maniobras de ataque.
Colocamos el babero de plástico, manga larga, cuello vuelto y capucha. Atamos (apresamos) a la criatura a la trona. Sujetamos sus manitas con firmeza (y una mano). Y empieza el festival: cara, manos, nariz -por dentro y por fuera-, pelo, ojos, cejas, pared, mesa, suelo, silla, techo, trona, tu cara, tu ropa, tu pelo... Todo devastado por las frutas. Nada es nunca igual después de una guerra.

El puré o Sólo admito un sabor.
Efectivamente, antes le encantaban las frutas pero ya no porque le gustan las verduras (¡¿?!). Vamos, que si me como el puré no volveré a tocar la merienda.
Ni idea de cómo funciona un cerebro infantil, oigan...

Gateo (vale cualquier desplazamiento autónomo) o Atracción fatal por los enchufes.
Con las ganas que teníamos de que gatease hacia nosotros... Pues resulta que no va a ir con mamá y papá que le hacen carantoñas, prefieren cualquier cosa cortante, puntiaguda, eléctrica, diminuta y tragable (atragantable). Son urracas, irán hacia el destello del peligro pasando de sus progenitores olímpicamente.

Vamos a la guarde o El drama de la primera separación.
Terrible. Sólo de pensar en ese día te entran sudores fríos, temblores y taquicardia. Pero llegará, inexorablemente, y tendrás que lidiar con él. Las que lo hemos pasado sabemos que el horror se transforma en bienestar en unos pocos días. Pero qué bien no ser una mamá de las que lo tiene pendiente.

El parque o Desaparecido en un nanosegundo.
Parecen criaturas lentas. Dirías que sus movimientos son evidentes. Falso. Son silenciosos ladrones de guante blanco y proporciones reducidas. Su habilidad para desplazarse sigilosamente se multiplica, además, con la multitud. Y se van a perder un montón de veces, aunque ellos no sepan que en esos momentos son seres libres...
Todavía no he llegado a la fase en la que ellos te buscan a ti así que voy de susto en susto y tiro porque me toca.

El cole o Memoria selectiva.
El primer día de colegio augura melodrama. Pero tu hijo ha ido a la guardería, está acostumbrado a estar con otros niños, a las despedidas, a saber que luego vienes, se lo pasa genial... No se va a acordar de nada y va a montar un patín alucinante. Como si hubiese estado viviendo dos años entre tus brazos y tú ahora le abandonases en una cuneta. ¡Desalmada!


Y lo que nos queda por ver. Se me saltan las lágrimas de emoción con sólo pensar en la adolescencia. Y de gratitud por tener un chico...


04 junio 2013

Clásicos de hoy y siempre: La pataleta.

El otro día me enfrenté a un clásico número infantil: la pataleta.



Como se aprecia en la foto, el Gordito es un actor del Método. Ejecuta su papel a la perfección.

Puedes sentir el drama, el dolor, la desesperación.
Te transmite todo su desasosiego.
Sientes su frustración, su amargura.
Te obliga a ponerte en su lugar, a experimentar sus sensaciones desgarradoras.
Te invita a que te asomes al abismo que es ahora su vida.
Y lo haces. Y tu corazón se encoge en un espasmo.
El tiempo parece detenerse en ese instante de pena infinita.
Todo se congela, sólo están él y su tristeza.
Su llanto te destroza el alma.
¿Podré olvidar ese sonido?
¿Me despertaré a las noches empapada de sudor?
La actuación ha sido de Óscar.
El público está fascinado, hipnotizado.
Mujeres boquiabiertas, niños petrificados, miradas reprobatorias a la progenitora. Brutal.
Una incluso va más allá y lanza un comentario inquisitorio a la que su madre, cámara en ristre para inmortalizar el momento, no puede más que responder “¡Señora! ¡Es la pataleta de toda la vida!”

03 junio 2013

La peluca.

Confirmado. Te lo ha dicho el oncólogo. Se te va a caer el pelo. Tienes que comprarte una peluca. Y lo tienes que hacer antes de quedarte calva.


Yo fui a un sitio estupendo. Unas señoras súper amables que saben que es un proceso de mierda y que, sin una pizca de frivolidad, me hicieron sentir cómoda y arropada. No le dieron bombo, no hacía falta, todas sabíamos que era un asco estar allí. Y ellas hicieron que ese proceso resultara natural.
Me probé un montón de pelucas. De hecho, aproveché para verme de rubia platino, pelirroja con melena por la cintura, morena azabache... Al final escogimos una castaña, media melena y con flequillo, como yo. Era de pelo sintético. Me quedaba muy bien.

Cuando te la pones por primera vez es muy extraño.

Te sientes un poco así:

(vía)

Crees que se te va a mover y vas a dejar al descubierto una oreja sin patilla. Tienes el cuello rígido, estás estática. Para mirar a un lado, te giras entera. Ya no mueves la cabeza... Cuesta un poco cogerle el punto y estar natural.

Pasas por una primera fase de manía persecutoria. Piensas que todo el mundo te observa y lo sabe. Hay que sumar también la compulsión con la que te miras en cada espejo, escaparate, coche, portero automático, espejito del bolso, pantalla del móvil... ”¿Se me habrá movido? Voy a mirarme a ver.”.

Pero te vas acostumbrado. Relajas el cuello y giras la cabeza. Empiezas a interiorizar que la peluca ni se cae, ni se mueve, con lo que te cuesta despegarte las pegatinas de la cabeza, es físicamente imposible.


Puedes incluso volver a ser tú. Yo lo conseguí, mi madre no.


La anécdota de humor negro
Primera salida nocturna con peluca. Entramos en un bar que, irónica y casualmente, celebraba una fiesta temática: “Ponte peluca”.
Pensamiento 1: Espero que no hagan la prueba del estirón a la entrada.
Pensamiento 2: ¿Habrá un concurso de camisetas mojadas en el próximo bar? Con mis tetas nuevas, triunfo fijo.