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16 mayo 2016

Los misterios de los programas de reformas.

A los que veis programas de reformas de casas -en Canadá, porque siempre son allí-, ¿no os parece que hay cosas que no cuadran?


  • El precio de un adosado de 250 metros con jardín en un barrio residencial a 10 minutos del centro de Vancouver puede oscilar entre los 250.000$ y el 1.500.000$.
  • Dos profesores de primaria tienen un presupuesto de un millón de dólares para su nueva casa.
  • Un neurocirujano y una dentista llevan dos años y medio viviendo en la habitación de invitados de una prima con su bebé en el armario porque no encuentran casa.
  • A una familia que espera su segundo hijo se le ha quedado pequeño su chalet de 350 metros cuadrados, 4 habitaciones, 3 baños, cocina, dos salones, sótano reformado y tropecientas hectáreas de jardín.
  • 100.000$ son suficientes para hacer una reforma integral de la casa en tres semanas.
  • Con 20.000$ llega justo para alicatar un aseo.
  • No tienen falta de espacio, son unos desordenados con todos los juguetes y zapatos tirados por ahí.
  • Se van a gastar una fortuna pero 1.000$ más supone un desequilibrio presupuestario inabarcable.
  • Ningún comprador es capaz de ver las posibilidades de una casa si hay que pintar el salón de otro color.
  • Los propietarios no han pensado que para vender, ordenarla un poco sería una buena idea.
  • Una cocina sin isla es un sacrilegio, ¡nadie compraría nunca una casa en semejantes condiciones!
  • El mobiliario ochentero, que se va a ir con sus dueños, es motivo suficiente para no adquirir.
  • Todos necesitan una cocina de espacio abierto que dé al salón con chimenea porque reciben a muchísimos invitados y les gustaría poder hablar con ellos mientras hacen la cena. ¡Les encanta recibir a gente en casa!
  • Es indispensable que las camas tengan cuatro filas de cojines y almohadones.
  • La diferencia entre unas cortinas de dudoso gusto y unas maravillosas es, muchas veces, un misterio inescrutable.
  • Cambiar el tirador de unos armarios es equivalente a hacer una reforma de la cocina.
  • Dos hornos son un extra alucinante.
  • Una carretera en el vecindario es un peligro mortal para los niños.
  • No sé por qué las piscinas ocupando todo el jardín son una buena idea en Canadá.
  • ¿Por qué los mismos que son incapaces de dejar su casa un poco recogida para la venta son los compradores más quisquillosos?


Y éstas han sido mis conclusiones hasta la fecha.
Si por casualidad consigo entender el mercado inmobiliario canadiense, ya os informaré.

14 marzo 2016

Madres y bolsas.

Hay algunas cosas inherentes a la paternidad, no te librarás de preocupaciones, desvelos, culpa. Pero hay algo que las madres tienen en exclusiva: ir cargadas de bolsas. Siempre. No falla. Porque yo veo a los padres y van con las manos en los bolsillos, sin embargo, nosotras llevamos invariablemente entre una y cinco bolsas.


Una tarde de martes, es fácil diferenciar a una mujer sin descendencia de una madre, la ligereza de sus andares, su pequeño bolso de mano, su libertad de movimiento y, como carga máxima, un paraguas.

Madres y bolsas según @casascosas

El origen de este mal debe ser el cochecito. Empezamos colgando la bolsa de imprescindibles para el bebé, que viene a ser todo lo necesario para sobrevivir un año a un holocausto nuclear. Luego le añadimos esos prácticos ganchos para enganchar más cosas y es el principio del fin... Ya no podremos parar. Nos hemos acostumbrado y, cuando los niños dejan atrás la sillita, es demasiado tarde para nosotras.

Nos miro y me pregunto por qué acarreamos, además de a nuestra prole, tres bolsas adicionales y qué contenido tan vital esconderán que es imposible desprenderse de ellas. ¿Un marcapasos externo? ¿La botella de oxígeno?
Pues resulta que llevamos el tupper gracias al cual podemos comer en menos de 8 minutos, intensificar nuestra jornada laboral y llegar a tiempo a la parada. Y ese táper tiene que viajar de vuelta a casa.
En otra estarán la merienda, el zumo, unas galletas para luego, agua por si acaso, unas toallitas para emergencias.
Llevaremos también algún juguete, que sólo pedirán cuando no hayamoss traído pero que llevaremos encima en cuanto salgamos por la puerta, el pack incluye coches, muñecos, un balón en primavera, unas pinturas.
Además, en un quiebro digno de Messi, los niños te han endosado sus mochilas nada más bajar del autobús y, aunque no pesen, son más bártulos encima.
Seguramente, de camino a casa tengas que hacer algún recado así que no te libras de 2,5 kgs de naranjas, unos tomates, pan, unas cápsulas de café (15 cajas cada vez que vas para tardar mucho en volver) y los zapatos que dejaste hace un mes en el zapatero.


Y, cuando llegas a casa sepultada, agradecerías haber tenido un carrito de la compra para meter todas las bolsas. Total, la pinta de mendiga americana ya la tienes; a estas alturas del día, nadie es ya capaz de distinguirte entre la montaña de bolsas que llevas en lo alto.

Voy a ir encendiendo el bidón, que hoy hace un frío.

21 enero 2016

Reenviando que es gerundio.

Existe una muy eficaz fórmula de trabajo que te exime de cualquier responsabilidad presente o futura.
Su sencillez no está reñida sus resultados, por lo que su uso está cada vez más extendido.
Es tan simple como reenviar un e-mail.


Crecen exponencialmente en tu bandeja de entrada.
Se acumulan decenas sin leer.
Por cada correo que abres, llegan 4 nuevos, un dragón inmortal.
Dedicas más tiempo a gestionar el Inbox del Outlook que a currar.
Ahora llamas para avisar de que vas a mandar un mail importante.

Pero es que reenviar es tan sencillo; darle a un botón y deshacerse de un muerto resulta demasiado tentador. Y así andamos todos, reenviando todo a modo informativo, precedido de las clásicas siglas en inglés -FYI- o castellano -PTI-, que queda súper chachi.
Ante la duda, mandárselo al mayor número de personas –véase testigos- posible. Y no te preocupes demasiado por los destinatarios, tienen tantos mails que no se darán cuenta de que eso no tiene nada que ver con ellos.

El caso es deshacerse del mochuelo lo antes posible, marcarlo con importancia alta para crear un mayor impacto visual en los receptores y darle a reenviar. Y el mail irá circulando de buzón en buzón hasta que alguien tenga a bien darse por aludido y decida responder. O que todo el mundo dé por terminada su tarea al reenviar y el tema quede sin resolverse pero lo hayan recibido cientos de personas.
Es el timo piramidal de la vida laboral.


El correo electrónico ha dejado de ser útil, ahora sólo enviamos y recibimos SPAM, aunque lo camuflemos de FYI.



23 julio 2015

Personas y problemas.

Hay gente que tiene problemas.
Otros, los buscan.

Hay personas con muchos.
Y las que nunca parecen tener ninguno.

Algunas tienen uno enorme, descomunal, aterrador.
Otras tienen muchos pero apenas pesan.

Están los creen que tienen.
Los que parece que siempre tienen uno.
Y los que hacen de todo un problema.

Hay personas que atraen los problemas como un imán.
Otras huyen ante cualquier indicio.
Y algunas siempre terminan metiéndose en uno.

Tenemos a los que no pueden deshacerse de ellos.
Y a los que encadenan uno detrás de otro.

Existen personas que, directamente, son problemáticas.
Y las que sólo te traen problemas.

Existe gente que sólo piensan en ellos.
Otros pasan de problemas.

Hay gente que los cuenta.
Gente que los calla.
Gente que los esconde.

Algunos sólo quieren hablar de sus problemas.
Otros prefieren escuchar.
Y unos pocos no quieren ninguna de las dos cosas.

Hay personas que se enfrentan a ellos.
Y personas que prefieren ignorarlos.

Algunos buscan soluciones.
Muchos esperan a que se resuelvan solos.
Y otros sólo esperan encontrar el momento para poder enfrentarse a ellos.





15 junio 2015

Difama, que algo queda.

No podemos controlar lo que la gente piensa de nosotros, ni tampoco lo que dice. Es tan fácil inventarse cualquier cosa sobre otra persona, basta con abrir la boca y soltar lo que te reviente. Rodéalo de un halo de secreto compartido y ya lo tienes. Ahora sólo hay que esperar que el rumor se extienda -la rapidez será función del morbo- y listo. Ya tenemos el comentario destructivo circulando.



El difamador, además de serios problemas, tiene la gran ventaja de gozar de impunidad durante un prolongado espacio de tiempo. Desde su atalaya de falsedades, controla las relaciones de su entorno. Ha ido sembrando discordias, contando las mentiras adecuadas aquí y allá. Ha conseguido tejer una maraña de tensiones y malentendidos que maneja a su antojo. Como sólo él entiende lo que sucede, puede aprovecharse de la situación.
Además, es astuto. Los dardos envenenados van siempre dirigidos a los puntos de conexión clave, de modo que resulte improbable que los afectados contrasten la información. Se ha asegurado de minar todos los puentes que conducen hasta él, haciéndose, de nuevo, con el control.
Y así, va acercando y alejando a las personas, según su propia conveniencia.


Pero llega un día en el que el círculo se cierra. Probablemente suceda por casualidad, es complicado mantener una versión coherente en el tiempo durante años. Tal vez, confiado, haya bajado la guardia. Entonces, todo chirría, cruje, se agrieta pero encaja. Las cartas se han puesto boca arriba y aparece claramente su jugada: era un farol.

Cuando los extremos de la soga se atan, en medio sólo quedan el difamador y todas sus mentiras, medio verdades, verdades descontextualizadas y comentarios dañinos.
Ahora podemos ver su fondo y es demasiado oscuro.


30 abril 2015

Hipercondríaca.

Después de un cáncer, mi relación con el malestar físico ha variado mucho. Se trata, obviamente, de una derivada más de la supervivencia.


Así como habrá gente que viva en una perpetua agonía a nada que algo se salga de lo normal, yo estoy, precisamente, en el lado opuesto. Me encuentro en un estado más bien hipercondríaco, ni siento ni padezco. Fundamentalmente, tiro millas y ya se pasará. Parece ser que la ignorancia es lo que mejor me sienta.

Aquí no está permitida la gama cromática de los grises, o tienes la enfermedad en la cabeza –con todas las pesadillas asociadas- o desconectas. Y parece ser que soy una clarísima opción b). Así que no puedo pararme a pensar si me encuentro cansada, tengo una molestia rara o noto un no sé qué que no termina de irse.

En cualquier caso, mi inconsciente es mucho más sabio de lo que pensaba. Me deja vivir tranquila hasta que le parece que me estoy pasando. Entonces, se deshace de mi parte hipercondríaca, me da dos merecidas tortas y me tira de bruces contra la realidad con un “Preocúpate un poco, reina, que estás tardando.
Resulta, entonces, que no vivo en la ignorancia más absoluta. Dispongo de alguna clase de resorte que me obliga a preocuparme en algún momento. No sé cuánto tiempo tiene que transcurrir hasta la reacción, cuándo un dolor deja de ser pasajero y se transforma en persistente, pero llegar a ese punto es una auténtica mierda. Pasas de la comodidad de la ceguera a la ansiedad de la clarividencia. Tus pensamientos se embalan y la angustia te anuda la boca del estómago hasta que alguien te da el visto bueno.

Conseguir llevar una vida normal después de haber estado bien jodido requiere esfuerzo. Hay que no pensar en muchas cosas, pero sin pasarse. No prestarse atención, pero revisándose periódicamente. Tratar de vivir como si estuvieses sano, pero una persona saludable se preocuparía mucho antes que tú...


Resumiendo, no hay punto medio, sólo punto miedo.


23 marzo 2015

Las mierdas de Teletienda.

La teletienda es algo que no logro comprender. Pasan los años y ahí sigue, inasequible a la crisis y a los avances tecnológicos. Parece que su sino es perdurar infinitamente, ofreciendo lo mismo una y otra vez pero siempre “por primera vez en televisión”.



El I+D+I no va con ellos, ni el diseño, ni los cambios sociales, ni en el consumo. No sé cómo lo hacen para colar el set de tuppers, los cuchillos que cortan latas, las máquinas de abdominales o las mandolinas con 15 tipos de cuchillas como novedad. ¿Dónde viven los compradores? ¿En las cavernas? ¿No les suenan de los años 90?

Me sorprende que el negocio no se haya ido a pique, ¿cuántas clases de aparatos para hacer abdominales se pueden acumular? Si no utilizaste el que compraste en el 93 y no te has puesto mucho los electroestimuladores del 2000 que hacían el ejercicio por ti, ¿realmente crees que con la versión tecnológicamente avanzadísima del 2015 conseguirás la tableta de chocolate que llevas 22 años buscando? Seguro que sí.

Si tenías alguna plaga en casa, lo mejor que puedes hacer es adquirir el espantador de bichos eléctrico. Déjate de llamar a un fumigador, él no utiliza todo el cableado de tu casa para emitir señales que ahuyentarán cucarachas, mosquitos, ratas y ratones, mapaches, osos y alces. Yo lo intentaría, creo que la potencia de un aparato del tamaño de un ambientador será capaz de eliminar hasta las plagas de pulgón de las cosechas.


No podemos negar que nuestro aspecto nunca ha estado mejor. Desde que los recolectores de caracoles de algún pueblo centroamericano cayeran en la cuenta de que sus manos no envejecían, soy otra. La baba va bien para todo: arrugas, firmeza cicatrices, celulitis, manchas, rojeces, estrías. Además, podemos combinarla con el spa facial, el rizador de pelo de resultados profesionales y el cepillo anti electricidad estática con iones estupendos. Luciremos como auténticas estrellas de cine, ahora que conocemos sus secretos de belleza mejor guardados.

Disponemos también de cosas súper prácticas que harán de nuestra vida algo maravilloso, pura comodidad gracias a las calentitas batamantas, los abrigadísimos pijamamanta o las zapatillas con suela de gel que se parecen sospechosamente a las de toda la vida. Por supuesto, cuando esté así de cómoda necesitaré abrazar un cojín luminoso para llegar a un estado de relajación total y confort máximo.

Teletienda nos ayuda a mejorar nuestra vida de múltiples maneras.
Que tienes una ligera sordera pero, por algún inexplicable motivo, no quieres un discreto audífono, no dudes en adquirir un amplificador de sonido. Su tamaño es enorme y su diseño desconcertante pero lo puedes apagar cuando te canses del trino de los pájaros resonando en tu cabeza.
La conducción es ahora mucho menos peligrosa gracias al parasol-visor para el coche. Ya nada conseguirá deslumbrarnos al volante, ni de día ni de noche. Parece mentira que a nadie se le haya ocurrido antes colgar una visera para que tengamos menos accidentes, como se ve claramente en el anuncio.
Hay secadoras portátiles, un indispensable cinturón magnético para no volver a meter las herramientas en los anticuados bolsillos de los cinturones normales, una fregona con escurridor, un doblador de ropa, mangueras que se vuelven diminutas cuando no se usan o un mando a distancia para espantar perros a 100 metros a la redonda. Un sinfín de respuestas...

No sólo tenemos soluciones para nuestro día a día, también para la vida en pareja gracias a un maravilloso artilugio anti-ronquidos, como las pinzas de natación sincronizada pero para dentro de la nariz. Seguro que ahora los dos duermen estupendamente y abrazados, sobre todo el roncador.


Espero ansiosa las novedades primavera-verano. ¿Qué recuperarán de décadas anteriores? Apuesto por el recogemigas sin pilas y el guante-cepillo para mascotas que quita las toneladas de pelo que antes quedaba esparcido por la ropa y el sofá.

12 marzo 2015

DIY: manos a la obra.

Si tuviese tiempo, conocimientos de ebanistería, carpintería, albañilería y restauración, herramientas y materiales, espacio tipo lonja para ensuciar a gusto, un montón de escombros de obra y dinero (para disponer de todo lo anterior exceptuando lo último, ya me buscaría yo un hueco delante de un contenedor con el chasis de un cochecito de bebé) creo que podría dedicar, tranquilamente, un mes a cultivar y dejar mi afición por el DIY.
Me centraría en la decoración de interiores, creando con mis propias manos mobiliario guay para lofts con jardín, patio trasero y/o amplia terraza.



Son muchos los requisitos, soy consciente, pero me muero de ganas de montar una estantería, librería, banco, mesa, macetero o cualquier elemento de decoración de casas con palés de madera.
Es más probable que lo que realmente quiera sean la preciosa casa con aire industrial y todos sus complementos cuidadosamente descuidados, pero me conformaría con la sensación de victoria de haber hecho yo misma un mueble tan ideal, con personalidad –de revista- pero único e irrepetible.
Aunque tuviese que comprar los palés –porque finalmente no son nada fáciles de conseguir y no soy tan fuerte para hacerme valer en la mafia del escombro-, me visualizo henchida de satisfacción post trabajo manual, sentada sobre/junto a mi obra, cerveza en ristre.
Existen opciones más fáciles, pero cultivar mis propias hortalizas y hierbas aromáticas no me llama tanto como decorar mi casa imaginaria.


Por supuesto, me veo con el look de trabajar duro y con tus propias manos:

  • Una coleta hecha de cualquier manera -de las que favorecen un montón pero nunca consigues hacer adrede-.
  • No puede faltar un pañuelo en la cabeza del que se escaparían algunos mechones que caerían desordenada y muy coquetamente sobre mi rostro.
  • Imprescindible, una camisa de hombre –seguramente elija una que esté en uso y no sea de las viejas que se pueden manchar- y unos cómodos vaqueros pitillo.
  • Sólo me faltan el rubor en las mejillas fruto del esfuerzo y unas gotas de pintura sobre el rostro para conseguir el look obra total.

Estoy lista para empezar a crear mis muebles cuquis para mi inexistente espacio diáfano. 


Y ya podemos empezar a trabajar en el diseño... Supongo que habrá que lijar (tendría lijadora y las gafas de bucear para que no me entre serrín en los ojos y se me corra el rímel), pintar en tonos piedra, dar una o varias manos dependiendo del efecto deseado (digo yo que por ahí irán los tiros del decapado), barnizar (con barniz al agua mate para proteger la madera manteniendo el punto vintage) y clavar o atornillar un poco.

Y, bueno, entonces debería tener un mueble precioso decorando mi enorme casa.



Voy a empezar a buscar palés y pillar algunas herramientas.

02 marzo 2015

Diosas de la Maternidad.

Hay embarazadas tranquilas, exageradas, hipocondriacas, angustiadas, pasotas, histéricas -o cualquier combinación de las anteriores-. Y luego, por encima de todas, están las Diosas de la Maternidad. Son unos seres superiores que nos observan desde la atalaya de la sabiduría suprema, otorgada por obra y gracia del embarazo, y juzgan nuestro comportamiento mortal que, comparado con su perfección, deja muchísimo que desear.



Se diferencian de nosotras desde el principio; apostaría hasta que la mismísima concepción fue un momento especial. Los nueve meses restantes son un ejemplo constante del abismo que nos separa. Mientras nosotras tratamos de seguir con nuestras vidas lo más normalmente posible, ellas están gestando. Se dedican exclusivamente a crear una nueva vida y, obviamente, lo que hacemos el resto se queda bastante escaso.


Lo peor que puede sucederte es coincidir en estado de buena esperanza con una Diosa de la Maternidad. Te sentirás incesantemente a examen y, por supuesto, suspensa, aunque sigas a rajatabla todas las recomendaciones de tu ginecólogo. El problema reside en que tú sólo aplicas las restricciones alimenticias estándar, mientras que ella conoce muchísimas reglas más.

El homeópata, al que acude desde la primera falta, le ha comentado lo malísimo que es comer alimentos verdes a partir de las 18:00 porque la digestión de la clorofila con luna en cuarto creciente angustia al bebé. Y las demás nos limitamos simplemente a comer la carne como la suela de un zapato.

Acuden a clases de yoga para embarazadas porque les ayuda a equilibrar sus chacras y los de la criatura, haciendo a ambos dos seres en perfecta armonía emocional y espiritual. Y nosotras planteándonos lo de ir a preparación al parto con el segundo, ¿no es como repetir curso?
Van a natación preparto, gimnasia acuática gestacional o cualquier actividad acuática supervisada por gurús de la preñez. El agua es ahora el líquido elemento para los dos y esto crea un vínculo madre-hijo único. Las que sólo nos duchamos por las mañanas jamás tendremos algo así con nuestra descendencia. Nunca. Esto sólo funciona durante los 9 meses mágicos en los que se crea el amor filial para siempre.

Ponen música clásica a sus barrigas, las acarician constantemente, les hablan, les cantan canciones porque es buenísimo para el desarrollo de las conexiones neuronales del feto. Los niños serán mucho más inteligentes y psicológicamente más equilibrados. Y el resto estamos varadas en el sofá empujando nuestra tripa a ver si tienen a bien dejar de clavarnos el pie en las costillas desde dentro.

Las Diosas, además de gestar, son ávidas consumidoras de temática embarazo con lo que su sabiduría crece de forma exponencial y conocen un montón de trucos secretos para que su futuro bebé sea mejor -principalmente, mejor que el tuyo-. Su compañía se vuelve algo temible, cada vez que ingieres algo en su presencia, notas su mirada reprobatoria y se te atraganta la cerveza sin alcohol. ¿Acaso no sabes que la combinación de cebada y lúpulo es lo peor a partir de la semana 25? Un tío de la Universidad de Arkansas dijo que se incrementaban las posibilidades de que el bebé se no se diera la vuelta, se quedase de nalgas y, entonces, tendrían que practicarte una cesárea. Así que prefieres tomarte el refresco a escondidas, no vayas a causar algo terrible e irreparable que a tu médico se le ha olvidado comentarte.


Si durante el embarazo, las Diosas de la Maternidad son un coñazo, cuando nazcan los retoños será un infierno. Entonces, sabremos lo que es un suspenso en condiciones.



P.D.: Huelga decir que me he inventado todo lo aquí mencionado sobre la gestación.

23 febrero 2015

Embarcando.

Cuando nos hacemos con el primer puesto en la cola de embarque, nos sentimos poderosos. Con nuestro ingenio e iniciativa hemos logrado ese lugar privilegiado, el número 1. Pero aunque parezca que la suerte está de nuestro lado, el desenlace puede no ser el esperado. Estamos en un aeropuerto, todo puede suceder.



La técnica de colocarse el primero en el mostrador es el gran clásico del embarque. Es emocionalmente muy satisfactoria, nos aporta autoestima, poderío. Es tan gratificante ver cómo van sumándose adeptos a nuestra iniciativa y la fila empieza a ganar metros de gente siguiendo nuestro instinto creador. Porque esta cola requiere muy poco esfuerzo para crearse y alcanzar longitudes kilométricas, independientemente del tiempo que falte para que llegue nuestro vuelo.
Además, embarcando el efecto dominó es instantáneo; basta con que un único viajero se coloque en posición para que los demás pasajeros, presos de la angustia a quedarnos sin sitio, a que el vuelo despegue sin nosotros o a que alguien ocupe nuestro asiento, sigamos su ejemplo como borregos y nos pongamos en formación de a uno.

Estamos en posición, listos para montar cuando aparecen las azafatas y comienzan a organizar el embarque siguiendo un criterio único e irrepetible en cada vuelo. Empezarán por tarjetas platino, oro, plata, zafiro, diamante o rubí, seguirán con las clases: business, preferente, embarque prioritario, turista plus, clase A. Cuando haya subido más de medio avión pero tú sigas en el primer puesto pegado al mostrador, continuarán con los pasajeros sentados a partir de la fila 16. Para cuando llegue el turno de la 8F, sin ninguna mención especial, distintivo plus o tarjeta amiga de materiales preciosos, serás el primero de los únicos 20 pasajeros que todavía siguen en tierra. Y encima, no encuentras el DNI así que se te han adelantado otros 7.
Una técnica espectacular, sólo nos ha costado hora y media de pie más toda la frustración de ver cómo nos adelanta la cola al completo.

Puede darse el caso de que se embarque siguiendo rigurosamente el orden de la fila. Así que ahí estaremos nosotros, adentrándonos eufóricos en el finger, avanzando por el estrecho pasillo, que desemboca en unas escaleras, que nos conducen a un autobús, que no partirá hasta estar completo, echando por tierra todo nuestro trabajo. Nuestra posición aventajada se acaba de esfumar. Nos costará asumir la derrota, trataremos de darle la vuelta a la situación colocándonos junto a las puertas para lograr recuperar el lugar que nos corresponde. Pero, claro, no sabemos si las elegidas serán las que finalmente se abran. Tal vez sean las del otro lado del autobús, y los últimos serán los primeros, ergo seremos los últimos. Debemos ser cautos y no cantar visctoria, el final de todo finger no es siempre un avión.



Todos tenemos nuestras teorías sobre el embarque óptimo. Elaboradas hipótesis para optimizar los tiempos de espera y asegurarnos un hueco en el compartimento para equipaje de mano. Aunque las de los demás siempre parecen funcionar mejor.

06 noviembre 2014

Escandalizando.

Me pasa con Almodóvar y también con John Irving. Son tan alternativos, tan outsiders, tan rocambolescos contando historias que se han vuelto de lo más previsibles.


Quieren mostrarnos la realidad invisible a nuestra mirada burguesa y acomodada. Enseñarnos que existen otras maneras de vivir, diferentes a cualquier idea preconcebida en nuestras encorsetadas mentes. Demostrarnos que nos equivocamos, que todo tiene cabida. Cada uno es dueño de su vida y algunos valientes deciden existir a su manera, hasta el final, aunque no encajen en la sociedad, con sus familia, entre sus amigos. Hasta ahí, una gran lección.

El problema es que los tabús van cayendo. Renqueante, la sociedad ha conseguido avanzar. Y los escandalizadores van envejeciendo. Tratar la homosexualidad (o cualquier tendencia) ha dejado de ser una osadía para volverse en un tema de lo más común, casi banal. El mundo del cine y la literatura se ha quedado sin el comodín más provocador de todos los tiempos, el sexo. 

Así que nuestros transgresores se han quedado huérfanos. Ahora, la búsqueda del escándalo es mucho más costosa. El público ha normalizado tantas cosas que estos creadores se las ven y se las desean para conseguir que alguien se eche las manos a la cabeza, como hacían antaño. El resultado final es una auténtica parodia, rizar el rizo de lo absurdo, cayendo demasiadas veces en lo grotesco.
Su único objetivo es mantener su imagen de enfant terrible pero no parecen darse cuenta de que, con el paso de los años, ellos también se han quedado obsoletos. Su lenguaje, su insurrección y su rebeldía no son más que una pose. Sus historias de ahora son de pacotilla.


El timo de Almodóvar.
- Pedro, contigo llegó el escándalo. ¿De dónde sacas la inspiración?
- Es que mi entorno es así. ¡La vida es así!
- Pero antes sólo había gays y algún transexual, ¿no?
- Esto también estaba pero la sociedad no quería verlo. No era lo suficientemente madura.
- ¿Por eso nos lo cuentas en tus últimas películas?
- Sí, hasta ahora no quería desvelar toda la verdad. Sabía que no estabais preparados aún.
- Así que tu ambiente ochentero no lo formaban homosexuales condenados en la era post-franquista y católica como nos has contado hasta ahora sino que en realidad son monjas que se preñan de transexuales con SIDA., ¿es eso?
- Sí.
- Anda ya, Pedro.
-Te lo juro por la Virgen de Regla.
- Vete yendo para casa que se te ha hecho tarde.


El quedo de Mr. Irving.
- John, en su última novela trata usted la marginación de los bisexuales.
- Efectivamente. Se luchaba por los derechos de los homosexuales pero ellos ignoraban y despreciaban la bisexualidad.
- Toda una paradoja…
- Que la gente desconoce hoy en día y había que mostrar también.
- Sin embargo, no prescinde de su temática habitual.
- Claro, el sexo está en todas partes. No se puede contar nada sin hablar de sexo.
- Y tenemos también la sempiterna atracción de sus jóvenes protagonistas por mujeres mayores.
- Sí, es algo que siempre he sentido. Lo conozco y escribo sobre ello.
- Pero aquí nada es lo que parece. La atractiva mujer madura resultaba ser un transexual. ¡Todo un golpe de efecto!
- Me gusta hacer pensar al lector. Provocar reacciones. Que experimente sensaciones nuevas. Ver hasta dónde puede llegar.
- John, nos está usted contando lo mismo de siempre pero con pitilín.
- Ya.
- Pues no ha colado.


Me resulta más transgresor mi hijo de cuatro años diciendo “¡Teta!” que estos dos viejos haciéndose los vividos.


03 noviembre 2014

Domingos.

El domingo no me convence. Es, después del lunes, mi día menos favorito de la semana.


Es perezoso, largo, de pijama, comidas pesadas y siesta; nunca termina de arrancar del todo. La ciudad está vacía, como si siempre hiciese demasiado frío o demasiado calor.


Si sales temprano, te encuentras en mitad del desierto, con la calles sin poner todavía. No hay tráfico, no hay gente y reina el extraño sonido a ciudad deshabitada, insólitamente silenciosa. Y en domingo, las 7:00 son igual de madrugadoras que las 11:00.

El cambio empieza a producirse bien entrado el mediodía. Seres humanos van saliendo de sus portales con cuentagotas y repoblando el afortunado parque o plaza. El barrio suena al fin.
La cota máxima de densidad demográfica callejera se alcanza durante el aperitivo, un par de horas en las que no te sentirás el único morador del planeta. Pero es un espejismo breve. A la hora de comer -nunca más allá de las 15:00-, vuelve el toque de queda y todos regresamos obedientes a nuestras madrigueras. La ciudad vuelve a su estado original, casi vegetal.

Las tardes presentan el mismo panorama desolador. Algún transeúnte desperdigado aquí y allá, ignorante de la niebla ácida del séptimo día que se cierne sobre la villa. Como si de una película apocalíptica se tratase, sólo las necesidades más básicas nos harán abandonar la seguridad de nuestros hogares: una visita a la farmacia a por Dalsy o al Opencor a comprar leche y café para el desayuno.

Lo peor es que entre las cuatro paredes de nuestras casas, el plan es también una pereza. Es una jornada interminable, tediosa, con niños aburridos y adultos amodorrados, todos enfurruñados. Saldríamos a despejarnos si no fuese porque podríamos desintegrarnos al poner un pie en la calle.


El domingo se nota en el organismo, no terminamos de estar a gusto en ningún sitio. A lo mejor es porque el lunes se cierne sobre nuestras cabezas…

30 octubre 2014

La mala ortografía.

Escribir bien está pasado de moda. Nadie parece prestar demasiada atención a lo que leerá el prójimo. Con lo poco que cuesta esmerarse y lo que se agradece un texto en condiciones.



La ortografía va de mal en peor y resulta sorprendente, considerando que nada está escrito directamente sobre el papel. Toda comunicación se realiza mediante dispositivos electrónicos con la función auto-corrector establecida por defecto. Ésta se dedica exclusivamente a señalar, descaradamente, cada una de nuestras faltas. Y sin embargo, permanecen ahí. Las puedes ver en cada e-mail, mensaje, whatsapp, documento o presentación. Y a nadie parece importarle demasiado. ¿En qué nos estamos convirtiendo? Si nuestros profesores de lengua levantaran la cabeza…

El asunto de las tildes está totalmente desbocado, como si fueran prescindibles. Una norma tonta que se inventaron hace siglos y de la que podemos pasar tranquilamente. Hoy en día, fijarse en esas cosas es de sibarita o de pringado, seguramente de ambos. Qué más dará ponerlas o no, si al final nos entendemos. Llegados a estos extremos de laxitud, sólo nos queda comer con los pies encima de la mesa y masticar con la boca bien abierta.

Además, la RAE no hace más que allanar el camino hacia el analfabetismo. Sus niveles de tolerancia están bajo mínimos. Han llegado a simplificar tanto sus usos que me estoy quedando desfasada con mi ortografía de EGB. Ahora resulta que todas las reglas que tuve que interiorizar durante mi escolarización están rayando el error ortográfico o gramatical. ¡Hasta aquí podíamos llegar! Porque anda que costaba mucho colocar una tilde a sólo de solamente o diferenciar éste -pronombre- de este –adjetivo demostrativo-.

Sin embargo, ni la flexibilidad académica ni la tecnología podrán hacernos todo el trabajo. ¡Oh! El resultado final dependerá, indefectiblemente, de los conocimientos ortográficos del autor. Si la memoria no alcanza a recordar las reglas más básicas, los textos estarán repletos de faltas muy graves. Lo peor, que nunca serán conscientes, tamaña dejadez a la hora de escribir implica que le relectura no forma parte de sus hábitos. Así, nos encontraremos con haber en lugar de a ver, y viceversa; echo y hecho intercambiados; porque, por que y por qué utilizados tan mal que se me saltan las lágrimas.


Y luego está la puntuación. Menospreciada, rebajada, denostada, apaleada, es la gran olvidada. Si no importan las tildes, cómo vamos prestar atención al punto y coma.
Estamos en una situación tan crítica que ni siquiera tienen la categoría de error. Así, cualquier escrito salpicado de comas sin orden ni concierto puede pasar por bueno sin que se mencione el tema. Ya no me atrevo a corregir los fallos de puntuación de un texto porque me miran raro, piensan que soy una petarda maniática. Aunque sea tan flagrante como SUJETO, VERBO. Semejante patada en la boca del estómago de la lengua española (y diría que en la del resto de idiomas) tendría que chirriar a cualquiera que tuviera el graduado escolar. Por eso creo que los concursantes de MYHYV son los escribanos de todos los despachos del país.


Personalmente, paso muchísima vergüenza ajena cuando leo algunos sacrilegios, aún sabiendo que al infractor le viene importando un auténtico carajo. Pero me agobia pensar que, como me descuide, puedo ser yo la que esté enviando semejante mamarracho y que al otro lado se encuentre alguien de mi calaña.



09 octubre 2014

Ecocochina.

¡Aprovechemos la energía de todos nuestros electrodomésticos! ¡Démosles un uso más! ¡Uno un poco guarro!


Y así es como a una señorita, tras repetir estas frases tres veces a medianoche delante de un espejo, se le ocurrió guisar pescado en su lavaplatos. Y tuvo tanto éxito que comenzó a escribir un blog, publicó un libro y ahora es la imagen de un anuncio de su electrodoméstico favorito.
Desconozco qué grado de posesión ecológica hay que tener para llevar a cabo semejante eco-guarrada porque yo lo tengo clarísimo. A mí la mezcla de comida reseca, platos sucios, cocción a baja temperatura, ecología y ahorro me parece espeluznante.



La mujer en cuestión tiene una pinta estupenda. Su cocina es ideal. Y el contenido de su lavavajillas antes de ser usado no se parece en absoluto a ninguno que haya tenido el placer de ver. Su antes es descaradamente mi después. Supongo que por eso se lanza tan alegremente a cocinar ahí dentro.
Aunque también puede ser que tenga dos y haya prescindido de la vitrocerámica y el horno. Entonces, en lugar de ser el súmmum del ahorro, es una despilfarradora de agua y energía, con el aparato encendido y consumiendo todo el día.


Visto el percal, a mí también se me ocurren unas eco-ideas estupendas para aprovechar la energía de forma alternativa y muy cochinamente.
- Usar el calor que despide la plancha una vez apagada para hacer deliciosos sándwiches con bien de mantequilla y queso. Y luego repasamos los puños de la camisa.
- Utilizar las pelusas de debajo de la cama como relleno de cojines (te llevará un tiempo).
- Hacer compost casero. En sólo tres meses tendremos el perejil más verde de todos los alfeizares del patio.
- Usar el agua de fregar los platos para llenar la bañera y darnos un relajante baño. No desperdiciaremos ni una gota y no nos sentiremos eco-culpables por el despilfarro acuático.
- Si el lavaplatos es cocción a baja temperatura, la lavadora es perfecta como olla exprés. Lavamos las sábanas y hacemos una deliciosa fabada asturiana.
- Procurar una nueva vida a los pelos del desagüe haciendo postizos para moños.
- Reutilizar el aceite de freír como mascarilla para cara, cuerpo, cabello. Y los restos del empanado son geniales porque así exfoliamos un poquito también.
- El agua caliente de la ducha es perfecta para descongelar alimentos. No le des más vueltas y mete los filetes contigo. En unos minutos, estarán listos para cocinar.
- No desperdiciemos microondas, en una misma tanda caben un montón de cosas: la leche del café, el potito del niño, las lentejas de ayer…


Así que no tengáis miedo al qué dirán. Si esta tía lo ha conseguido, todos podemos. Venderemos cada cochinada como verde y/o ahorro y el triunfo será nuestro. ¡De la fregadera al estrellato! ¡Ecopower!


06 octubre 2014

Montoneras.



Definición
Espacios de la casa autorizados –por uno mismo, por consenso familiar o de forma tácita- para acumular toda clase de papeles y objetos de dimensiones y utilidades variables sin que por ello, y siempre según el criterio propio o consensuado, reine el desorden.
Ordenar la casa consiste en recoger el resto de zonas pasando de largo de las montoneras, que forman parte de la decoración.


Disposición
Las montoneras se organizan en función de la distancia con respecto a la puerta de casa. Así, cada una de ellas tendrá un uso concreto y muy específico. Esto te permite tener la basura acumulada pero clasificada según su ubicación en tu hogar.

Primer lugar de apoyo
Cualquier objeto del mobiliario susceptible de ser continente en la zona de la entrada –balda, mesa, sifonier, mesita, armarito, radiador- tendrá un altísimo nivel de probabilidades de convertirse en la primera montonera del hogar. Cartas, folletos, propaganda, cupones descuento, catálogos… Del buzón a casa, sin abrir siquiera. Estoy valorando colocar un segundo buzón en casa, para dejarlo todo oculto y ordenado porque es como si jamás hubiese salido de ahí.

Segundo sitio de apoyo
Los papeles importantes, las cartas que sí hemos abierto y requieren algo de nosotros, la lista de la compra, un cargador, el menú escolar, monedas varias -euros, libras, una de 100 pesetas o alguna más exótica-, recetas del medicamento que recetaron a tu hijo en alguna ocasión y que ya no sabes ni para qué sirve, una notificación de Correos. Esta sería la montonera del día a día y de aquellas cosas que no encuentro el arrojo de tirar. Aquí buscaré, y pocas veces encontraré, el papel que necesito y que decidí “guardar” aquí para que no se pierda.

Tercer punto de apoyo
El más alejado de la casa pero el que más ocupa. Tiende a expandirse y hacer que su entorno se vuelva, a su vez, susceptible de montonera. El sitio más apropiado para dejar lo que sea y olvidarse del asunto, pero sabiendo que lo tienes, aunque nunca lo localices en caso de necesidad.
Yo ni siquiera soy consciente de que un día tuve un escritorio. Ha desaparecido bajo montañas de revistas -de las bonitas de más de 5€, que por eso no las tiro-, fotos, recortes de cosas que me parecían interesantes pero que nunca volvieron a despertar mi curiosidad, álbumes a medio hacer, manuales de cosas, algún tocho de papeles que me traje del curro para mirar en casa y que luego volví a imprimir en la oficina, cables para conectar algún dispositivo desconocido a otro, CDs sin caja ni indicaciones sobre su contenido –si es que lo tiene-, libros. El único límite que posee esta montonera es la gravedad y siempre encuentras la manera de colocar algo más.


Duración
El tiempo medio de vida de una montonera tiende a infinito. A base de desidia, hemos convertido esos lugares en imprescindibles para el funcionamiento de nuestros hogares.
Aunque tratemos de mantenerlos despejados, su destino ya ha sido trazado. Montonera serás para siempre.



Ahora mismo me encuentro en plena fase de concienciación para liberar de su yugo una de las montoneras de mi casa. ¿Seré capaz de ir más allá de la simple reubicación y ocultación de objetos? ¿Conseguiré perder el miedo a tirar un cable que no sé para qué sirve? ¿Podré deshacerme definitivamente de lo que abulta y desordena?
Y la cuestión fundamental, ¿tengo el síndrome de Diógenes?