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30 mayo 2016

Mi madre.


Es alta y guapa. Siempre lo ha sido, esa belleza del sur, morena y de ojos oscuros.
Es alegre, simpática y sonriente. Una eterna sonrisa en los labios.
Es habladora y guasona.
Es luchadora y valiente.
Es cariñosa incluso cuando no nos lo merecemos.
Es estilosa, coqueta y presumida.
Es bailonga.
Tiene grandes valores: respeto, amor, tolerancia, perdón.
Es cuidadora; mamá gallina.
Es muy divertida.
Es dura, fuerte, y la vida la ha puesto a prueba demasiadas veces…
Es entregada y apasionada.
Es una abuela muy molona.
Es generosa, disfruta dando tiempo y amor.
Es el hombro en el que consolarse, que te recibe con un reconfortante abrazo.
Es sabia y un poco bruja.
Es olvidadiza.
Es casa, hogar.
Es el pilar de la familia.
La matriarca.
La que hace que todo funcione, que seamos piña aunque diluvie.
Es Mamá, Mami, Vieji, Bonita, Vieille, Abuela, La Anciana, Abuela Pelleja.

Y aunque no los aparente porque luce estupenda -no es sólo amor de hija-, ya le caen 60.

¡Muchas felicidades, mami!
¡Te queremos tanto y tan fuerte!

09 mayo 2016

Razones de peso para no quitar una astilla.

  • No me duele.
  • Me gusta.
  • Me vas a hacer daño.
  • Me hace compañía.
  • Es guay tener una astilla.
  • No me molesta nada de nada.
  • Es que la echaré de menos.
  • Es una más de la familia.
  • Con ella corro más rápido.
  • Me va a dar pena si no la tengo.
  • ¡Soy Astillaman!
  • Tengo súperpoderes de astilla.
  • Torbellino de astilla.
  • Escudo de astilla.
  • Remolino de astilla.
  • Rayo destructor de astilla.
  • Si me la quitas, perderé mis poderes.
  • Me gusta ser ¡Astillaman!



Y tres semanas después, mientras Mamaléfica corría pinza en ristre dispuesta a acabar definitivamente con Astillaman, la astilla se cayó sola.
Nunca la encontramos.

El final de nuestro superhéroe no estuvo a la altura, demasiado sencillo para tanto derroche imaginativo.

21 abril 2016

¡Hay que ver cómo pasa el tiempo!

Te lo repitieron miles de veces -¡qué pesadas, por Dios!- y, de repente, te ves a ti misma comentando esta gran verdad a toda madre primeriza y embarazada que se cruza en tu camino.

Ilustraciones de Vlada Young
¿De verdad estoy diciendo yo eso?
No me reconozco, con lo que yo he sido…
Como una vieja más, ¡qué horror!


¡6 años!
¿Ya?
¿Cómo es posible?
Si antes de ayer tenía un bebé en mis brazos.
¿Dónde han ido a parar todos estos años?
Ha sido un pestañeo…
Venga, en serio, ¡¿dónde están?!
Me los devuelvan, por favor.


Mi niño se hace mayor.
¡Una vela más!

18 abril 2016

Creer o no creer, he ahí la cuestión.

A tu niño le duele la tripa, ¿verdad o cuento?
La madre de todas las preguntas.

Los niños son unos grandes actores y, cuando no quieren hacer algo, el dolor de barriga es un recurso la mar de socorrido. Resulta extremadamente difícil de contrastar y ellos lo saben. Basta con que pongan su mejor cara de pena y te señalen la zona abdominal en general (1/4 de su cuerpo) para sembrar la duda.

Tú tratarás de averiguar la verdad, porque tienes la sensación de que hay gato encerrado. Todo transcurría con normalidad hasta que se ha propuesto ese cambio de actividad tan polémico…


Te transformas en médico.
Toqueteas la zona, a ver si algún punto les molesta más que otro. Pones el termómetro pero no hay fiebre. Ofreces una galleta a ver si caen pero son tipos listos y pueden dejar pasar un huevo kinder si así consiguen su maléfico objetivo.

Pasas a detective.
Comienza el interrogatorio. Lámpara en la cara y ¿dónde te duele exactamente?, ¿tienes ganas de vomitar?, ¿desde cuándo te molesta?... Palos de ciego porque ninguna respuesta te dará información relevante. Se trata de conseguir que se vengan abajo y confiesen.

Cambio de estrategia, un poco de miedo al doctor.
Pues voy a llamar al médico, a lo mejor hay que poner una inyección para que se te pase el dolor de tripa.” Pero los niños han ido un montón de veces al pediatra y te aguantan el órdago; cuando están malitos, no suele tocar pinchazo -es más bien al contrario-.

Y nos queda un último cartucho, el chantaje emocional y la moralina barata.
Es importante decir la verdad cuando te encuentras mal porque mamá se preocupa. Te voy a contar un cuento, ¿conoces al pastor mentiroso?” Le cuentas toda la historia sobre la importancia de decir la verdad, el sermón completo, y lanzas la estocada final:
- Entonces, ¿te duele la tripa?
- Sí.

Nada ha dado resultado así que sigues según lo previsto, aunque no le quitas ojo, buscando el gesto delator definitivo. Pero no llega y su historia sigue sin sostenerse.
La decisión está tomada: era una trola.


Y a media mañana, recibes una llamada en la que te comunican que tu hijo está en la enfermería del colegio con 38º de fiebre y te piden que, por favor, vayas a por él.

Menuda madre de mierda.
Una despiadada con el corazón de hielo.

14 abril 2016

Parqueando.

La temporada de parque primavera-verano 2016 queda oficialmente inaugurada.


  • Sentarse en el murete a vigilar a la prole.
  • El sol.
  • La cola de los columpios.
  • Traspapelar a un niño.
  • Inventarse juegos para que corra el niño y no la madre.
  • Tardes que pasan volando.
  • Sus heridas de guerra.
  • Cargar con el balón.
  • Que “desaparezca” un coche.
  • Jugar al escondite.
  • Marujear un rato.
  • Que pisen una caca.
  • Cuando llegan a casa reventados.
  • Toparse con abuelas bordes.
  • Un café al aire libre, si te dejan.
  • Que terminen mugrientos.
  • Tardes que se hacen eternas.
  • Cuando se aburren y les mandas a buscar palos.
  • Que dejen de jugar con esos palos tan grandes que se van a sacar un ojo.
  • Verles correr –y cansarse-.
  • Intentar volver a casa.
  • Que caigan rendidos.



14 marzo 2016

Madres y bolsas.

Hay algunas cosas inherentes a la paternidad, no te librarás de preocupaciones, desvelos, culpa. Pero hay algo que las madres tienen en exclusiva: ir cargadas de bolsas. Siempre. No falla. Porque yo veo a los padres y van con las manos en los bolsillos, sin embargo, nosotras llevamos invariablemente entre una y cinco bolsas.


Una tarde de martes, es fácil diferenciar a una mujer sin descendencia de una madre, la ligereza de sus andares, su pequeño bolso de mano, su libertad de movimiento y, como carga máxima, un paraguas.

Madres y bolsas según @casascosas

El origen de este mal debe ser el cochecito. Empezamos colgando la bolsa de imprescindibles para el bebé, que viene a ser todo lo necesario para sobrevivir un año a un holocausto nuclear. Luego le añadimos esos prácticos ganchos para enganchar más cosas y es el principio del fin... Ya no podremos parar. Nos hemos acostumbrado y, cuando los niños dejan atrás la sillita, es demasiado tarde para nosotras.

Nos miro y me pregunto por qué acarreamos, además de a nuestra prole, tres bolsas adicionales y qué contenido tan vital esconderán que es imposible desprenderse de ellas. ¿Un marcapasos externo? ¿La botella de oxígeno?
Pues resulta que llevamos el tupper gracias al cual podemos comer en menos de 8 minutos, intensificar nuestra jornada laboral y llegar a tiempo a la parada. Y ese táper tiene que viajar de vuelta a casa.
En otra estarán la merienda, el zumo, unas galletas para luego, agua por si acaso, unas toallitas para emergencias.
Llevaremos también algún juguete, que sólo pedirán cuando no hayamoss traído pero que llevaremos encima en cuanto salgamos por la puerta, el pack incluye coches, muñecos, un balón en primavera, unas pinturas.
Además, en un quiebro digno de Messi, los niños te han endosado sus mochilas nada más bajar del autobús y, aunque no pesen, son más bártulos encima.
Seguramente, de camino a casa tengas que hacer algún recado así que no te libras de 2,5 kgs de naranjas, unos tomates, pan, unas cápsulas de café (15 cajas cada vez que vas para tardar mucho en volver) y los zapatos que dejaste hace un mes en el zapatero.


Y, cuando llegas a casa sepultada, agradecerías haber tenido un carrito de la compra para meter todas las bolsas. Total, la pinta de mendiga americana ya la tienes; a estas alturas del día, nadie es ya capaz de distinguirte entre la montaña de bolsas que llevas en lo alto.

Voy a ir encendiendo el bidón, que hoy hace un frío.

29 febrero 2016

Ideas para un fin de semana lluvioso con niños.


Foto original de Ode to Things
  • Pintar.
  • Ponerlos a la venta.
  • Ir al cine.
  • Dimitir del puesto de madre.
  • Hacer manualidades.
  • Huir.
  • Jugar al memory.
  • Hacerse la muerta.
  • Echar una oca o un parchís.
  • Mudarse, dejando a los demás inquilinos dentro de casa.
  • Unas carreras de coches.
  • Tomarse un par de ansiolíticos.
  • Hornear un bizcocho.
  • Gritar muy fuerte tapándote la boca con la almohada.
  • Bailar.
  • Encerrarte en la habitación todo el fin de semana –con pestillo, por supuesto-.
  • Leer un cuento.
  • Arrancarse mechones de pelo.
  • Ver unos dibujos.
  • Acostarlos a las 16:00.
  • Un partido de fútbol en el pasillo.
  • Beber exclusivamente gin-tonics.
  • Un puzle.
  • El harakiri.

Después de un fin de semana así, el lunes se presenta mucho menos gris que de costumbre.


18 febrero 2016

Tiempo con tus hijos según IKEA.

Dedicar tiempo de calidad a tus hijos, ¡qué bonito!

La gran duda es el concepto mismo de calidad.
¿Se trata de atención, paz y armonía, juegos y risas?
Y tiene que ser todo junto, ¿no?
Es que me parece bastante complicado educar y poner límites mientras nos reímos y abrazamos como en un anuncio de gel de baño. Si estoy educando, normalmente, será en contra de sus propios intereses –véanse las frases que acompañan cada día la paternidad-. Entonces, si todo termina en bronca, aunque sea con las mejores intenciones educativas, ¿ese tiempo cuenta como de calidad? Porque para él es un asco y para mí, también. Vamos, que tiene toda mi atención pero ninguno de los dos está disfrutando del momento.

Y así, entre una cosa y otra, ha pasado la tarde y no hemos tenido ni un segundo tipo protagonistas de anuncio de IKEA, horneando magdalenas -bueno, tendrían que ser unos muffins-, regando las hortalizas ecológicas de nuestro pequeño invernadero o manchándonos la punta de la nariz con témpera azul muertos de risa.


En serio, ¿alguien tiene una mazorca de maíz en casa? ¿Dónde se compran? En mi frutería no me suena haberlas visto. ¿Comprar una para “reciclarla” a modo de rodillo de pintura es tiempo de calidad? Y si sólo encuentras maíz en lata, ¿a qué juegas entonces?

¿Habéis intentado hacer un sello con una patata en serio alguna vez? O eres un asiático tallador de fruta profesional, que lo mismo haces un corazón en una patata que una pareja de cisnes alzando el vuelo con un kiwi, o esa idea sólo sirve para desperdiciar una patata y darte cuenta de que como eco-madre con ideas chulis y súper creativas eres un cero a la izquierda.
Parece ser que ahora se llevan las estampaciones con hinojo -el típico producto de fondo de nevera- para hacer un puto punto, o un trozo de col para un efecto manchurrón más desenfadadoLo más de lo más, comprar para dar un uso alternativo a alimentos que jamás comerás.

Y después de tratar de pasártelo fenomenal y poner toda la cocina patas arriba, el entretenimiento no ha durado ni media hora y vas a tardar más del doble en recoger las témperas, las patatas, fregar el suelo, lavar al niño, quitar la pintura de ropa y mobiliario…


Otra gran idea para pasar tiempo de calidad es construir un robot más grande que Barcelona utilizando cajas viejas –que, de nuevo, tendría que coger de la basura-, folios, papel higiénico, cinta americana y una peluca gigante (¿?).
Ya puedo ver su decepción, tanto tiempo y tanta caja para esta mierda monumental con la que no se puede jugar a nada. Y, además, en mi casa normal y corriente no pega, como no es un loft retro-industrial con suelos de cemento pulido y paredes desconchadas.


¡Qué divertido! ¡Pompas de jabón en casa! A lo mejor los hogares suecos no se pringan y a sus preciosos retoños no les chorrea el bote, ni se les cae todo el jabón encima del sofá a los dos minutos de abrirlo. Francamente, yo sólo veo problemas, eso sí, de calidad.

Jugar a ser su diana disfrazada de mosca podría resultar apetecible pero tengo todos los boletos para recibir un pelotazo en el ojo, que el niño no consiga acertar ningún tiro y todo acabe como el rosario de la aurora. Él, cabreado y frustrado, y yo, con el gorro de mosca y un ojo rojo, buscando un sitio para guardar para siempre la diana nueva mientras emito mensajes motivadores: “No te enfades, a veces hay que entrenar un poco para que salga bien”, “Las cosas no siempre salen como queremos.”, “Hay gente que tiene buena puntería y otra que tiene que ensayar más para que le salga bien.”. Para terminar gritando, a años luz del afable abuelo del catálogo –espero que sea el abuelo…-, “Pues enfádate si quieres. Ya tienes dos problemas: enfadarte y desenfadarte.


Nuestra tarde ha sido más bien una labor de supervivencia, intentado que el niño no se desmadre y tratando de que la madre mantenga la compostura, sin pegar demasiados berridos. Creo que me faltan muchos puntos nórdicos para alcanzar el objetivo tiempo de calidad con hijo.

Aunque espero ansiosa el día en el que podamos vivir este momento IKEA tan bucólico.
Tiene más de espacio que de tiempo compartido –se pueden ver los pies de papá, así que está ahí, en la misma habitación, con su hijo- pero no me cabe duda de que su calidad es excelente.

01 febrero 2016

Madrastrona.

Cómetelo.
A la cama.
Ahora no.
Eso no se hace.
¡Castigado!
¡No!
No corras.
¡Venga!
¡Porque lo digo yo!
Termínatelo.
¡Así no!
¡No te quiero oír chistar!
No protestes más.
¡Pide perdón!
Hazlo tú solo.
¡Te vas enterar!
No cojas eso.
¡¿Quieres que me enfade?!
Sal de la bañera.
¡He dicho que no!
¡Cuento hasta 3!
Pórtate bien.
No se llora por tonterías.
Déjalo.
La vamos a tener…
¡Pues te aguantas!
Límpiate.
No grites.
¡¡Que no grites!!
Suéltalo.
¡Cállate!
No se pega.
¡Ven aquí ahora mismo!
Eso no se toca.
¡Cuidado!
Recógelo.
¡Vale ya!
¡Se acabó!


Y al final del día, te sientes como una auténtica arpía.

giphy.com

12 noviembre 2015

Horario europeo.

En mi casa tenemos horario europeo. No es una cuestión de educación, productividad, ahorro energético o cualquier otra buena intención nórdica, simplemente, a las 8:30 estoy deseando cerrar el chiringuito, con el niño en la cama y la casa en silencio, y dedicarme a lo que quiera.



¿Y cómo conseguir acostar a la criatura a esa hora?
Supongo que hay que empezar desde muy pequeños, convencidos de que es un horario estupendo. Lo más habitual es que dormir –a cualquier hora- no sea una tarea demasiado fácil. Entonces, el Doctor Estivill hace su aparición y en tres días está todo medianamente encarrilado.
Duérmete niño tiene sus detractores pero hay un momento en el que el asunto se vuelve ridículo; tan absurdo que no puedes disimular y ves el circo que estás montando.
La clarividencia me llegó un día que, tras columpiar durante una hora en la hamaca, con el salón a oscuras, una tortuga proyectando estrellas de colores en el techo mientras canturreaba -creo que sólo me faltó hacer malabares en un monociclo-, el tío seguía despierto, con los ojos como platos. Entonces lo supe, había que hacer algo o acostarlo iba a ser un infierno diario.
Y, aunque hubo que aguantar algún que otro llanto, lo conseguimos. ¡Y sigo viviendo de esas rentas!

Desde entonces, seguimos con el mismo horario: acostarse temprano y levantarse ídem. Y como la segunda parte de la ecuación permanece constante -lo tengo comprobadísimo-, por lo menos cerramos la persiana -literal y figuradamente- antes de las 21:00.
Claro que los fines de semana tenemos que seguir una rutina parecida, no vale acostarlo más tarde porque madrugará igualmente pero estará cansado y el día será muy largo y tedioso.
Hay que elegir y prefiero esta espiral a la de tarde-tarde, sólo imaginar que a las 9 de la noche me quedan todavía dos horas de niño potreando, me entran sudores fríos.
Es que a las 11 de la noche un niño está tan pasado de rosca que lo mismo te corre una maratón, con esa energía speedica tan característica, pero yo sí estoy cansada de ser mamá.


Criar es pura supervivencia, hacemos lo que podemos, pero creo que rascar un par de horas a la noche es calidad de vida para los padres.

09 noviembre 2015

El tema estrella: la muerte.

¡Ya ha llegado! ¡La tenemos aquí! Estamos en esa preciosa época de la infancia en la que muerte hace su aparición cada 5 minutos.



El niño ya ha pillado que lo de morirse es un asunto muy turbio. Se está coscando de que es algo irreversible. Intuye que parece irremediable. Y, encima, eso del cielo no termina de convencerlo, si uno no puede volver de allí cuando quiera…


Así que ahora mi vida se divide en momentos en los que hablamos de la muerte y momentos en los que recupero el aliento tras exprimirme la sesera buscando una respuesta tranquilizadora a tan terribles cuestiones.
- Mamá, no quiero que te mueras.
- ¿Por qué la gente se muere?
- No me quiero morir.
- ¿Los abuelos se van a morir?
- No me gusta el cielo.
- ¿Te vas a morir?
- ¡Mira mamá, estoy muerto!
- No quiero que te hagas vieja porque te morirás.
- ¿Si te vas al cielo puedes volver?
- Si se muere toda la gente, ¿el mundo se quedará vacío?
- ¿Cómo vas hasta el cielo si estás muerto?
- Los abuelos son viejos y se van morir.



Demasiada duda existencial, metafísica y religiosa para un niño de cinco años. Y demasiadas preguntas para las que su madre no encuentra respuesta ni consuelo; he llegado a sugerirle el budismo porque “los budistas sí pueden volver del cielo así que tú serás budista si quieres.
Si esto no es una mamá desesperada, que venga Dios y lo vea.


Nota: Las ilustraciones son de hermAna, que es una artista. ¡Gracias!


29 octubre 2015

Lógica infantil aplastante.

- Mamá, ¿sabes cuáles son mis dibujos favoritos? Empieza por shuoa. (Léanse las vocales muy rápidamente).
- Pues no sé… ¡La Oveja Shaun!
- La Oveja Shaun empieza por oveja.
- …
- Es El Show de Tom y Jerry.


Lógica infantil: 1.
Mamá: 0


Y así me va la vida, entre derrota y derrota.

15 octubre 2015

Canciones que nunca pensé que cantaría a mi niño.

Cantar no es precisamente una de mis virtudes. Nunca se me ha dado bien; no tengo oído y la escala que soy capaz de trabajar sin desafinar se limita al do-re-mi, el fa está totalmente fuera de mi alcance.
Vamos, que he estado en un karaoke de casualidad y creo que prefiero irme a casa y zanjar la fiesta antes que desentonar Laura Pausini delante de 25 borrachos.


Dicho esto, una es madre y pierde, entre otras muchas cosas, el pudor a dar el cante. Empiezas tarareando a tu bebé en solitario y medio a escondidas. Pero te vas viniendo arriba y terminas saltando en el sofá con el mando a distancia de micrófono y con toda tu familia - postizos incluidos- de público.

Jamás pensé que llegaría tan lejos en el mundo de la canción.
Nunca imaginé que podría perder la vergüenza hasta este punto, permaneciendo mis ineptitudes constantes.


Antes de lanzarse, fundamental ceñirse al siguiente esquema:
         Palabras que sabe decir
      + Cosas que le gustan
      + Ritmo
      + Gamberrada
      + Repetición
      = Hit infantil


Siguiendo esta ley del éxito y contraviniendo toda lógica, me atrevo a cantar:

Dile a papá, que me voy de la ciudad. Dile a los chicos, que no volveré más. Voy en un coche que robé anoche a un tipo listo que iba a ligar.

Yo para ser feliz quiero un camión. Yo para ser feliz quiero un camión. Escupir a los urbanos, a las chicas meter mano. Yo para ser feliz, quiero un camión.

Tengo un tractor amarillo, que es lo que se lleva ahora. Tengo un tractor amarillo, porque es la última moda. Hay que comprar un tractor, ya lo decía mi madre, que es la forma más barata de tener descapotable.

Has sido , te crees que no te he visto. Has sido , Chica-Cocodrilo. Has sido la que me dio el mordisco. Has sido , has sido .

Adiós papá, adiós papá, consíguenos un poco de dinero más. Más dinero.


Así pues, mis canciones para chicos (el género es vital en esta selección) han terminado siendo un viaje a finales de los 80 y principios de los 90.


¡La Década Prodigiosa ha vuelto y soy yo!

16 julio 2015

Campamentos de verano o niños KO.

Con papá y mamá trabajando en julio, hay que tirar de planes con horario escolar para poder llegar a todo. Estas vacaciones son de mentira, lo sé, el niño sigue madrugando y nada de jugar un rato por la mañana, hay que meter el turbo y salir de casa pitando para que pueda disfrutar de sus falso veraneo.



Pero no nos queda otra… Así que si quieres asegurarte de que tu hijo no se aburre, la solución es un campamento, colonia o actividad a jornada completa. No puedo garantizarte que vaya a divertirse, lo que sé es que llegará a casa reventado, manso como un corderito. Bueno, puede que tan cansado que hasta se ponga un poco insoportable, pero podrás acostarlo súper temprano porque caerá rendido, el pobre.


No sé si mi niño disfrutará algún día de las vacaciones de antes, en las que te asilvestrabas completamente de puro veranear, mientras tanto, jugaremos a que esto mola mucho y es súper diferente a ir al colegio.
En agosto compensaremos a los niños y, sobre todo, limpiaremos nuestras sucias conciencias de madres trabajadoras (también aplicable para padres).


13 julio 2015

La sorpresa de Jeff Koons.

Domingo gris.
En pie desde las 7:00.
Mañana demasiado larga a las 10:30.
Arranque cultural con mi retoño.


Ahí que nos fuimos los dos al Guggenheim a ver la exposición de Jeff Koons, no podía imaginar nada más fácil para mi niño. Figuras gigantescas, multicolores y con forma de globo. Dibujos animados, súper héroes, conejitos, gatitos, perritos. La ocasión para ir al museo estaba en bandeja.


Y allí estábamos los dos, paseando entre fucsias, rojos, amarillos y turquesas. Adivinando de qué animal sería la silueta rosa antes de leer el título, “Hippo”. Viendo un tren con muchísimos vagones, a Popeye y a Hulk, aspiradores, teléfonos, pelotas de baloncesto en acuarios, más aspiradoras, flores hinchables, un gato adorable en un calcetín, un policía abrazando a un oso, un teléfono viejo… Lo que viene siendo una retrospectiva de Koons, con todas las cuestiones trascendentales sobre el mundo del arte que conlleva un repaso a la obra de este señor.

 

Yo me sentía una estupenda madre cultureta y mi niño estaba encantando viendo cosas de feria en un museo.

Y, de repente, entramos en una sala diferente. En el centro, y dominando toda la estancia, había expuesta una escultura a tamaño real y en un pedestal -para crear un mayor impacto visual- del artista beneficiándose a su mujer (tamaño exacto: 139,7 x 180,3 x 276,9 cm). Creo que escultura no es suficiente para reflejar lo que allí puede verse; es un auténtico viaje a su cama. Es como si hubiese llevado a una criatura de cinco tiernos años a ver una peli porno. No hay elemento que no esté recogido en la escena y, además, puede contemplarse desde todos los ángulos, cada uno de ellos con un detalle que lo hace especialmente inapropiado para un menor.

Dirty -Jeff On Top

La única ventaja con la que contaba es que el menor en cuestión es tan pequeño que no se coscó de lo que acontecía ante su inocente mirada: un pedazo de polvo con todos los órganos bien presentes. Pero verlo, lo vio perfectamente:
“- ¿Quiénes son mamá? ¿Cómo se llaman?
- Se llaman Jeff Koons y Cicciolina.
- ¡¿Cicciolina?! ¡Qué nombre más raro!”
Y con eso dejó zanjado el tema de cuestiones a plantear (no tengo palabras para tanto agradecimiento).

Le cogí de la mano y nos fuimos de allí, no sin antes percibir la artística bolsa escrotal del Señor Koons, bien visible camino de la puerta de salida.