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19 diciembre 2016

Valores innegociables.


 
  • La bondad.
  • La honestidad.
  • Escuchar.
  • El respeto.
  • Querer bien.
  • La amabilidad.
  • La lealtad.
  • El sentido del humor.
  • La generosidad.
  • Comprender.
  • El perdón.
  • Disfrutar.
  • La educación.
  • La tolerancia.
  • Saber perder.
  • Tener inquietudes.
  • Los modales.
  • Aprender.
  • Equivocarse.
  • La empatía.
  • Hacerse fuerte.
  • Conocer, descubrir, probar.
  • Desconfiar de los prejuicios.
  • Vivir.
  • Dejar vivir.

Espero ser capaz de enseñárselo a mi niño, hacer de él un buen tío.
Porque los buenos valores son las herramientas para ser más feliz.
Porque creo que la buena gente vive mejor.

01 diciembre 2016

Qué te espera estas Navidades.

Hoy, que inauguramos diciembre y el calendario de adviento con sus 25 chocolatinas por comer, no podemos negar la evidencia: las Navidades ya están aquí.
Se abre la veda.


 
El turrón.
Como dice mi padre, si fuera bueno, se vendería todo el año.
 
Las discusiones familiares.
¿Hay algo más típico que un buen pollo en una reunión familiar? Yo no concibo una Navidad sin un acalorado “debate” sobre cualquier tema banal que, además, a nadie le importa. Pero con lo que nos gusta discutir, nos posicionaremos en un bando al azar e iremos a degüello contra los otros.
Si esto es lo que le da vidilla a las fiestas.
 
Envolver y desenvolver regalos.
Naces con la balanza claramente a tu favor pero, vas creciendo, y el asunto se va descompensando hasta la injusticia total; es el sino paterno.
En casa hemos depurado tanto la técnica del envoltorio que ni el mismísimo Ford pondría objeciones a nuestra cadena de empaquetado.
 
Los polvorones.
Da igual que no te gusten. No importa que nunca los compres. Aunque regales cualquier caja que caiga en tus manos, todos los años acabas encontrando un puto polvorón en tu casa. ¡Son los Houdini de la Navidad!
 
Las cenas.
Como con las comidas que vienen por defecto en 15 días son insuficientes, hay que ponerse las pilas y organizar muchas más. Con los compañeros del colegio, los colegas de la universidad, los amigos de ahora, los del trabajo, los del curro anterior, con los de clases de aerobic, con las de yoga, con los padres de la parada…
¡Comamos y bebamos hasta reventar!
 
Las vacaciones escolares.
Son unas fechas estupendas, los niños disfrutan mogollón de sus ¡3 SEMANAS DE VACACIONES! A estas alturas del año, o un ángel gana sus alas haciendo que el día de asuntos propios que te queda cunda como diez, o los padres veremos el rostro iluminado por la magia y la ilusión de nuestros hijos por videoconferencia…
 
Los langostinos.
Habría que hacer un adorno navideño con forma de Rodolfo Langostino, que es mucho más nuestro que el reno.
Recuerdo con sudores fríos ese plato de langostinos que acechaba en cada comida, en cada cena. No sé, en casa de mi abuela, los langostinos congelados no tenían fin. Tal vez comprase un par de palés porque daban para todas las fiestas y cumpleaños hasta junio.
También recuerdo cómo me miraban desde el plato, todos esos pares de ojos negros ordenados haciendo un decorativo redondel. ¡Qué cosita me daba!
 
La gente.
Hordas de personas en la calle, en las tiendas, en los bares, en la cafetería, en la ferretería, en el ginecólogo, en el dentista, en la copistería, en el museo, en el gimnasio, en casa...
¡Joder, esto está petado de peña!
 
Los escondites, los susurros y los secretos.
Siempre estamos a punto de desvelar la gran estafa a uno de nuestros retoños, de que descubran el alijo, de que encuentren un regalo perdido debajo del sofá, de que abran el armario de las escobas y vean decenas de rollos de papel de regalo.
La magia de estas fechas debe ser que sigan creyendo después de tantos incidentes sin explicación lógica.
Pero, ¿qué sería de esta época sin la ansiedad de que nos cacen?

 
Así que aprovecharemos el puente para lo inevitable y pondremos los adornos y el árbol, que nos acompañarán hasta bien entrado febrero (porque da muchísima pereza montarlo pero quitarlo es muchísimo peor, con la de cosas que me quedan por hacer…).
 

14 noviembre 2016

Esas cosas que dan infinita pereza.

Aunque sea en nuestro propio beneficio, hacer algunas cosas da muchísima pereza. Posponemos el momento indefinidamente, si es que finalmente nos decidimos a dar el paso.



- Desmaquillarse.
- Ir al dentista.
- Echar gasolina.
- Cambiar el armario de verano por el de invierno (y viceversa).
- Una gestión en el banco.
- Teñirse las canas.
- La revisión ginecológica.
- Llamar al fontanero.
- Reponer el papel higiénico y la pasta de dientes.
- Hacerse fotos de carnet.
- Desatascar el fregadero.
- Recoger la ropa del tendedero cuando llueve.
- Ordenar la montonera de papeles, tickets, cartas, monedas de 5 céntimos, bolígrafos, propaganda...
- ¿Qué pongo hoy de cena?
- Quitarse el esmalte desconchado de las uñas.
- Cambiar una bombilla, que siempre habrá que comprar primero.
- Regar la única planta que no se ha mustiado todavía.
- Hacer limpieza de juguetes.
- Depilarse.
- Limpiar la nevera.
- Imprimir esa foto para la que compramos un marco hace dos años.
- Coser un agujero en los calcetines.
- Poner el lavaplatos.
- Pasarse por el zapatero.
- Pelar una naranja.
- Sacar la decoración navideña.
- Recoger la decoración navideña.


Algunas podrán encabezar la lista de tareas pendientes durante meses; otras, las que son una cuestión vital, terminarán por hacerse a regañadientes.
Pero todas y cada una de ellas suponen un pequeño suplicio diario...

06 junio 2016

Resistiendo al emoticono.

Comencé sin bajarme la aplicación en WhatsApp, no recuerdo si por pereza, porque era de pago o porque no tenía espacio disponible para actualizar el IOS de turno. Algo tenía que hacer que no hice y me quedé sin emoticonos.
Y utilizando únicamente el lenguaje en un mundo de caritas amarillas, yo sobreviví.
¡Alucinante!



Y así he seguido durante estos años. Nunca los he echado en falta.
Ha pasado de ser un reto personal –podría decir que me motivan los retos absurdos que no llevan a ninguna parte- a formar parte de mí. Me comunico con palabras completas, sin abreviaturas y con tildes; pongo comas, puntos, incluso punto y coma -así de cursi soy-. La única licencia que me concedo es pasar del signo de interrogación o exclamación de apertura cuando chateo, pero me crea cargo de conciencia, no vaya a ser que a la RAE le dé por quitarlos por eso de adaptarse a las nuevas formas de comunicación… Y llevo fatal los cambios ortográficos y gramaticales de la RAE (no tengo superado sólo y me cae el éste sin tilde, ¡un drama!).


Creo que somos capaces de transmitir y entender la sorpresa, la ironía, la pena, el susto, la risa o la vergüenza sin un emoticono aclaratorio.
Un “Me parto” resulta igual de sugerente que una carita muerta de risa; claro que ésta puede repetirse 10 veces seguidas mientras que yo nunca escribiré “Me parto, me parto, me parto, me parto, me parto”. Entiendo que con una vez ha quedado confirmado que sí me hace gracia.
Tampoco considero necesario aclarar un vacile utilizando el pertinente guiño o guiño-lengua-sacada. O soy capaz de escribirlo para que entiendas que estoy de coña o puede que, tal vez, sea inapropiado; a ver si ahora las caras amarillas lo van a solucionar todo… Si el chiste ha sido hiriente, no creo que se haya creado todavía el emoji capaz de deshacer el entuerto, ya puedes poner besos y corazones a granel que, cuando pinchas hueso, duele…
Es tan fácil que cualquier anécdota resulte sorprendente a la par que espeluznante pero con un toque de humor, la versión de El grito está en todas partes. Yo utilizaría un “¡No me puedo creer!”, un “¿En serio?” o un “¡¿Pero qué me dices?!” dependiendo de las circunstancias. Puede ser que me quede corta y no consiga hacer llegar a mi interlocutor ese matiz de espanto pero qué se le va hacer, es un mensaje de mierda, tampoco nos vamos a poner tan quisquillosos.
No podré ruborizarme ni poner cara de pena.
Tampoco cerraré mis frases con una flamenca.
Nunca enviaré corazones rosas.
Sólo te aseguro que me comprenderás y, ¿no se trata de comunicarse?


Así que seguiré atrincherada en la palabra, resistiéndome ferozmente al emoticono. Porque para mí es importante, aunque no tenga ni idea de por qué…


05 mayo 2016

Atrapados por las redes.

Parecía una buena idea: conectar con tu gente.
Las formas de hacerlo se fueron ampliando, extendiendo, expandiendo y han terminado por colonizar casi todo nuestro tiempo. Gracias a la nueva era de la comunicación, ahora formamos parte de media docena de redes sociales que hay que mirar, actualizar, comentar. No sé el resto, pero yo estoy un poco hasta los huevos de vivir pendiente de la conexión.


Un chat está fenomenal aunque nos hemos acostumbrado tanto a que los mensajes sean suficientes que, tal vez, estemos dejando de lado el contacto tradicional: cuando veías a la otra persona, y no porque te enviara un selfie con su último modelito, cuando escuchabas sin tener que pulsar al play -claro que tampoco puedes usar el stop…-, cuando charlabas de lo divino y de lo humano, sin necesidad de flamencas, tacones, ni emoticonos para aclarar que era una broma.
¡Qué tiempos!

Facebook
Es como sentarse en la plaza del pueblo un domingo después de misa. Un ver y dejarse ver entre gente que te suena de algo pero que aquí tienen estatus de amigo -¡cómo se ha devaluado el concepto!-. Eso sí, hay que estar siempre de punta en blanco y con una gran sonrisa, que allí se va a cotillear. Menos mal que no tengo, no tendría tiempo de compartir con el universo todas las novedades en vídeos de gatitos, las fotos de mi último viaje a República, lo feliz que soy, a la par que profunda e implicada en mogollón de causas.

Para que vean lo guapa que estás, lo bien que cocinas, la dieta tan sana y cool que llevas repleta de semillas y smoothies, la familia tan ideal que tienes, tu preciosa casa, tu divertida mascota, lo deportista que eres –eso sí, tienes que ser runner o yogui, que el aeróbic de toda la vida no saca tu mejor perfil-.
La vida que nos encantaría llevar, si no fuera porque el día tiene 24 horas y no hay tiempo para tanto esparcimiento.

Twitter
Un montón de chorradas en 140 caracteres. A mí me hace mucha gracia, ¡hay gente tan ingeniosa! Yo estoy allí más de miranda, echándome unas risas, pero se pasa el tiempo volando, fisgas un ratito y ha pasado una hora entre tuits. Es un agujero negro que atrae tu escaso tiempo disponible y, una vez ahí, nadie sabe exactamente qué ha sucedido pero ya son las 11:30.
Y el libro se ha quedado cerrado en la mesilla.

Pinterest
Para guardar, clasificar y archivar todas las cosas bonitas que ves por la red. Una vez que te pones a fisgar, no sabes cuánto tiempo puedes desperdiciar pineando fotos, frases motivadoras, decoración para cuando tengas un loft, dibujos, DIY por si te animas a hacer algo creativo con los muebles viejos que no tienes.
Un montón de imágenes que puede que algún día remires, o va a ser que no…

Linkedin
Porque, ¿cómo no vas a tener un perfil profesional, si tienes uno en todas las redes del universo? Eso sí, allí todo el mundo es CEO así que un simple asalariado resulta muy poco emprendedor entre tanto entusiasmo empresarial.

Correo electrónico
Un e-mail es tan poco ilusionante... Ya no se llevan las relaciones epistolares electrónicas, ahora son sólo de trabajo y para compras por internet.
Y eso si sólo tenemos una cuenta, porque encima entre la del trabajo, la personal para temas serios, la que damos para darnos de alta en webs y vaya usted a saber cuántas más, terminamos con 3 o 4 direcciones de las que estar pendiente.
Una pena, hubo un tiempo en el que recibir uno tenía su cosa, antes de las cadenas amenazantes y los Power Point de castillos.


Mejor me actualizas en directo, tomando una caña, y así te veo de perfil y de frente.
Lo de redes es porque te atrapan, ¿no?

10 marzo 2016

Alegrando el jueves.

Ahora mismo tendría que estar:

Sin embargo, me encuentro más cerca de esto:

Antes de ser pasto de la desesperación bloguera y acabar en este estado:

Me conformaré con algo sencillo para el post de hoy, poner un poco de luz a este jueves lluvioso y gris.

Y es que lo clásico, nunca falla.


De nada, chicas.

07 marzo 2016

Alexa Chunga is back!

Las Semanas de la Moda son una procesión de pintajas y despropósitos, disfrazados de última tendencia. Lo más cool se me escapa y el street style de los asistentes me da la risa. Insisto, el emperador sigue yendo desnudo.


Inspirada por las tendencias cazadas por Yo Dona en Milán, vuelvo a encarnar lo más absurdo y ridículo de la moda.

Haber tenido la ocasión –justificada- de envolverme las piernas con papel Albal compensa semejante ridículo.


 











14 enero 2016

Esa clase de gente.

Hoy toca post desahogo. Se lo voy a dedicar a toda la gente amarga. Esas personas que se cruzan en tu día y lo hacen más desagradable porque sí.


  • Al vecino que no saluda en el portal.
  • A la dependienta antipática.
  • A los dueños de perros que no recogen la caca.
  • Al mentiroso.
  • A los conductores subnormales.
  • A las viejas que se cuelan.
  • Al compañero que te hace una jugarreta.
  • Al cajero borde.
  • Al autobusero que no te espera aunque te vea esprintar por el retrovisor.
  • Al cliente chulo.
  • A los que llevan paraguas pero monopolizan las marquesinas.
  • A los revisores de maletas de los controles de aeropuerto con complejo de superioridad.
  • Al liante.
  • A los viajeros de metro que no dejan salir antes de entrar.
  • Al conocido que mira hacia otro lado al cruzarse contigo por la calle.
  • A los prepotentes.
  • A todos los que, pudiendo ser amables, prefieren no serlo.


A toda esa gente, sólo espero que os encierren juntos en una habitación y me dejen mirar desde fuera.


19 noviembre 2015

La gran inversión.

La sección de estilo de El Confidencial nos propone los must que toda fashion ha de tener antes de cumplir los 30.


Me he quedado realmente fascinada con su propuesta de “inversión”.
¡Qué grandes gestores de patrimonios! Saben perfectamente cuáles son los mejores productos para maximizar nuestra rentabilidad.
Siguiendo sus sabios consejos, deberíamos colocar nuestros ahorros en gabardinas del Estado, bolsos a plazo fijo, bailarinas del Tesoro o vaqueros con ventanas de liquidez trimestrales. Eso sí, siempre siguiendo la directiva MiFID…

He echado en falta que se aborde el asunto de la financiación, tal vez lo dejen para artículos posteriores como “Las ventajas de comprar a crédito una gabardina” o “Las joyas, nuestro plan de pensiones”.


A estas alturas de la vida –rondando la treintena-, tenemos que invertir en nuestro fondo de armario. Qué mejor forma que dejándose casi 4.500€ en unos pocos artículos:
  1. Vaqueros a partir de los 200€ y hasta más allá de los 400€. Porque que te hagan buen culo, no tiene precio.
  2. Anillo por 319€. Creo que nuestra cartera de inversión se ha quedado corta en joyas. Si sólo destinamos el 6% de nuestro capital, ¿dónde van a invertir el resto?
  3. Camisa por unos moderados 69€. No veo yo aquí mucha tendencia ni mucho de nada.
  4. Es difícil dar con el trench de la foto (a mi ojo inexperto en gabardinas) pero voy a apostar a que estamos ante el modelo The Westminster en su versión larga. 1.695€, ahí queda eso.
  5. Bailarinas a 500€, una pena que sean feas.
  6. Bolso por 1.460€. Recomiendan comenzar por los modelos más baratos e ir aspirando al siguiente, de mayor tamaño y precio. Es como ir pasando las pantallas de un videojuego pero en vez de vidas, te dan puntos bolso.


¿Cobrarán intereses de demora fashion? Llevo casi 6 años de retraso y no tiene pinta de que vaya a dejarme los cuartos en estos artículos tan necesarios y básicos. ¡Una pena!

05 noviembre 2015

La culpa es de Telecinco.

Por sus programas basura.
Por sus valores de mierda.
Por sus colaboradores.
Por Gran Hermano.
Por su apología de la incultura.
Por barriobajeros.
Por la silicona, las extensiones y las pestañas postizas.
Por Belén Esteban.
Por morbosos.
Por ensalzar lo vulgar.
Por todos los chonis.
Porque lo importante es estar bueno.
Por zafios.
Por la fama barata.
Por los gritos y los insultos.
Por la chusma.
Por Mujeres y Hombres y Viceversa.
Por maleducados.
Por hacer negocio con las miserias.
Porque yo soy súper sincera, tía.
Por Sálvame.
Por los bolos en las discotecas.
Por cutres.
Por no tener límites.


Una cadena dedicada a ensalzar la vulgaridad en todas sus vertientes, nos perjudica a todos, la veamos o no.
Una juventud que tiene como meta ser tronista, nos empobrece.
Cuando se jalea la incultura, todos perdemos.
Si miles de personas endiosan a Belén Esteban, apaga y vámonos.

Apago.

27 julio 2015

Instagram o jugando a ser modelo.

Estoy fascinada con las cuentas de Instagram dedicadas a alimentar el ego. Nada de hacer fotos chulas o subir preciosos paisajes, no, se trata de compartir lo mucho que te gustas y lo bien que posas en cualquier situación: en la playa, en un barco, en el campo, de picnic, con un trikini.

Cada instantánea destila que no eres modelo porque no quieres, se ve claramente que habrías podido, de haber estado en la heladería correcta en el momento justo en el que el cazatalentos de Elite pasaba por allí con ganas de tomarse un refrigerio y poder fijarse en ti y tus infinitas posibilidades en el mundo de la moda. Pero eso no pasó, no tuviste esa clase de suerte aunque de pequeña te llamasen larguirucha y tus compañeras de clase se rieran de ti porque eras un patito feo, demasiado alta y delgada.

Sin embargo, luces estupenda a tus treinta y tantos así que has decidido mostrarle al mundo lo bien que se te da el modelaje y aquí estás, subiendo fotos a Instagram, posando como si fueras el mes de mayo de algún calendario –no tengo claro si Pirelli, Playboy o un almanaque de frenos de disco-.

Me he quedado prendada de las poses, los looks, los ángulos, la luz… Todo resulta tan poco natural que un escalofrío de vergüenza ajena recorre mi espalda. Y el caso es que no salen mal –faltaría más- pero esa cabeza colgando hacia atrás en un ángulo casi incompatible con la vida es tan poco casual como que te pillen despistada y te fotografíen justo cuando abrazabas una sombrilla en la playa con una pamela.


Sólo tienes que superar la vergüenza, el ridículo, la risa floja y las miradas de sorpresa, asombro y desconcierto de los viandantes.
Ahora sólo estáis la cámara y tú.
Déjate llevar.
Posa.
Crea.
Comparte.

23 julio 2015

Personas y problemas.

Hay gente que tiene problemas.
Otros, los buscan.

Hay personas con muchos.
Y las que nunca parecen tener ninguno.

Algunas tienen uno enorme, descomunal, aterrador.
Otras tienen muchos pero apenas pesan.

Están los creen que tienen.
Los que parece que siempre tienen uno.
Y los que hacen de todo un problema.

Hay personas que atraen los problemas como un imán.
Otras huyen ante cualquier indicio.
Y algunas siempre terminan metiéndose en uno.

Tenemos a los que no pueden deshacerse de ellos.
Y a los que encadenan uno detrás de otro.

Existen personas que, directamente, son problemáticas.
Y las que sólo te traen problemas.

Existe gente que sólo piensan en ellos.
Otros pasan de problemas.

Hay gente que los cuenta.
Gente que los calla.
Gente que los esconde.

Algunos sólo quieren hablar de sus problemas.
Otros prefieren escuchar.
Y unos pocos no quieren ninguna de las dos cosas.

Hay personas que se enfrentan a ellos.
Y personas que prefieren ignorarlos.

Algunos buscan soluciones.
Muchos esperan a que se resuelvan solos.
Y otros sólo esperan encontrar el momento para poder enfrentarse a ellos.





09 julio 2015

Ecosistema de estación.

Trabajo junto a la estación de tren, ya me he acostumbrado al ambiente que las rodea. Lo más granado se ve atraído inexorablemente hasta este punto exacto de la ciudad.


  • Tenemos al viejo borracho solitario, con la única compañía de su brick de vino y un montón de bolsas de plástico.
  • Nos encontramos al yonqui, yendo a por el chute, siguiendo una ruta mil veces repetida. Puede que también los vea de vuelta.
  • La pandilla de súper malotes adolescente haciendo pira del insti para fumarse unos porros.
  • Las gitanas cargadas de romero y soltando cumplidos que se convierten en mal de ojo.
  • El loco que grita.
  • Grupos de descarriados en general, dos o tres, acompañándose mientras siguen tocando fondo.
  • Algún indigente acicalándose en la fuente.
  • Perroflautas en todas sus vertientes, incluso sin perro.
  • Gente normal pero bebiendo latas de cerveza un día laborable a mediodía en la entrada trasera de una estación de tren.

Las estaciones de tren son decadentes, tristes, grises.