Existe
una muy eficaz fórmula de trabajo que te exime de cualquier responsabilidad
presente o futura.
Su
sencillez no está reñida sus resultados, por lo que su uso está cada vez más
extendido.
Es
tan simple como reenviar un e-mail.
Crecen
exponencialmente en tu bandeja de entrada.
Se
acumulan decenas sin leer.
Por
cada correo que abres, llegan 4 nuevos, un dragón inmortal.
Dedicas
más tiempo a gestionar el Inbox del Outlook que a currar.
Ahora
llamas para avisar de que vas a mandar un mail importante.
Pero
es que reenviar es tan sencillo; darle a un botón y deshacerse de un muerto
resulta demasiado tentador. Y así andamos todos, reenviando todo a modo
informativo, precedido de las clásicas siglas en inglés -FYI- o castellano -PTI-, que
queda súper chachi.
Ante
la duda, mandárselo al mayor número de personas –véase testigos- posible. Y no
te preocupes demasiado por los destinatarios, tienen tantos mails que no se
darán cuenta de que eso no tiene nada que ver con ellos.
El
caso es deshacerse del mochuelo lo antes posible, marcarlo con importancia alta
para crear un mayor impacto visual en los receptores y darle a reenviar. Y el
mail irá circulando de buzón en buzón hasta que alguien tenga a bien darse por
aludido y decida responder. O que todo el mundo dé por terminada su tarea al
reenviar y el tema quede sin resolverse pero lo hayan recibido cientos de
personas.
Es
el timo piramidal de la vida laboral.
El
correo electrónico ha dejado de ser útil, ahora
sólo enviamos y recibimos SPAM, aunque lo camuflemos de FYI.






















