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10 marzo 2016

Alegrando el jueves.

Ahora mismo tendría que estar:

Sin embargo, me encuentro más cerca de esto:

Antes de ser pasto de la desesperación bloguera y acabar en este estado:

Me conformaré con algo sencillo para el post de hoy, poner un poco de luz a este jueves lluvioso y gris.

Y es que lo clásico, nunca falla.


De nada, chicas.

17 septiembre 2015

¿Tíos de anuncio?

El otro día cayó en mis manos un ejemplar ICON, la revista masculina de EL PAÍS. Como todo buen magazine de moda que se precie, tiene más anuncios que contenido. En este caso, los destinatarios de este despliegue de medios son los hombres, igual que los modelos protagonistas de las campañas.

Y mientras ojeaba unas propuestas bastante ridículas para este invierno, caí –de nuevo- en la cuenta de lo feos que eran los tíos de los anuncios. Me pareció algo francamente desconcertante, yo que pensaba que el mundo de la moda necesitaba macizos para vender sus productos.

Algo me olía desde hace un tiempo, con esos modelos feúchos de las tiendas on-line pero esto es otra historia; hablamos de su imagen de marca. Son las caras que veremos en marquesinas, autobuses, revistas, televisión. Y, francamente, no veo el punto a esta nueva tendencia. Lo más probable es que, como inexperta en el universo del marketing, esté cerrada a las nuevas corrientes publicitarias en las que un cardo vestido como un mamarracho suponga un éxito de ventas abrumador entre los ricachos.


Si fuera hombre, no dudaría ni por un segundo en comprarme un bolso enorme y subirme a un autobús con cara de puteo.

¿Eres simplemente idiota? Loewe es tu gran aliado.


Seguro que John Travolta y sus injertos de pelo, su tinte negro azabache, su cara operada y una sonrisa de lo más forzada es un hacha vendiendo relojes.

Quiero ser un nerd vestido de Louis Vuitton y viajar a exóticos lugares con preciosos atardeceres.

¿No terminas de encajar? ¿La gente piensa que eres borde? ¿Tiendes a estar malhumorado? ¿Tienes cara de pocos amigos y te molan los tartanes? No eres un bicho raro, eres un cliente tipo de Givenchy.

Balmain o la muerte os sienta tan bien. Poco más que añadir a esta versión tan transgresora de La Pietà, seguro que están todos los creativos celebrando por todo lo alto su genial ocurrencia.


En fin, parece que de ahora en adelante tendremos que acostumbrarnos a esta panda de mangarranes. Me pregunto dónde quedaron los tipos como Albert Delegue, guapo entre los guapos. Todavía puedo recordarlo mirándome desde la parada del autobús.


¡Qué tiempos!


04 junio 2015

Fuera de la Sexiest Men List.

La revista Glamour, en su versión UK, nos presenta la lista de los 100 hombres más sexis del 2015 (según la votación de 80.000 lectores). Los resultados son alucinantes. Un “¡Venga ya!” detrás de otro.


Soy consciente de que mi idea de la belleza masculina está totalmente desactualizada. Los guapos de ahora son cachas, de cejas depiladas, con pelito y un buen par de pendientes de brillantes. ¡Una pereza! Pero bueno, no dejan de ser los tipos de siempre, con algún nuevo fichaje fotocopia de uno anterior.

Lo realmente innovador de esta lista de macizos es la cantidad de hombres normaluchos tirando a feos, incluso muy feos, que hay. Alucinante. La erótica del escenario, la fama y el dinero es mucho más poderosa de lo que creía. Bueno, seguramente todas esas sesiones de fotos profesionales en blanco y negro, con estilista, maquillador, photoshop y un poco de penumbra también les hagan más atractivos. Pero, ¿quién no tendría su punto con ese despliegue de medios?
El caso es que me he visto obligada a reducir los nominados a abandonar la lista porque salían favorecidos en unas cuantas fotos y, aunque sé que ni por el forro serán así en directo, la imagen da el pego y ellos se pueden quedar. Tal vez no merezcan un top 100, ni estar presentes en ningún ranking de esta clase, pero no resulta tan flagrante como los casos que expongo a continuación.

Serán personas estupendas, con unas dotes artísticas increíbles –sea lo que sea lo que hagan- pero estoy convencida de que ni sus propias madres dirían que son guapos. Ni de coña.





Me consuela mucho saber que Cristiano Ronaldo se ha caído de la convocatoria, aunque no lo suficiente.
Si éstos son los tíos más buenos del planeta, me quedo con los de fuera de la lista.


24 noviembre 2014

Los guapos de antes.

Ni Leonardo, Ashton, Orlando o Justin. Muchos menos Cristiano. Ni siquiera Jude, George, Hugh, Tom. Ninguno de ellos está a la altura de los guapos de antes.


Aquellos galanes con un punto rufián, viriles y con clase. Igual de atractivos en vaqueros que de esmoquin. Enamoraron a nuestras abuelas, lo consiguieron también con nuestras madres y su sonrisa canalla llegó hasta nosotras. ¡Ésos sí que eran tíos guapos!


Algo ha debido pasar por el camino y, sin saber cómo, nos han dado el cambiazo. Un timo en toda regla.
Los tipos que nos venden ahora son unos cursis con pendientes de brillantes, cuerpos machacados en el gimnasio, cejas depiladas y muy poca gracia. Tan preocupados por su belleza que han perdido todo el encanto. Redichos, repeinados, metrosexuales y sosos.
Parece que ahora el atractivo reside en la fama y los músculos en lugar de en la mirada. Y por eso no cuela.



Yo me quedo con Paul y los de su quinta.

22 septiembre 2014

Los tíos by COS.

Lo de COS y sus modelos me tiene fascinada. Es que no me lo explico, oigan. No logro comprender qué motivo empuja a la firma a elegir siempre gente tan gris, tan sosa, tan poco lucida. Si las féminas me parecieron recién salidas del hospicio, los chicos tampoco tienen desperdicio.


La gran pregunta, que viene a mi mente cada vez que les veo, es cómo y qué han hecho estos muchachos para conseguir sus trabajos. Con esas caras, esas pintajas, esa desgana, esas pocas ganas de vivir… no entiendo cómo tuvieron el arrojo de plantarse en una agencia de modelos con su book bajo el brazo. A lo mejor no tenían una madre que los orientara más hacia los estudios, que el tema de ganarse el pan con su físico iba a estar complicado.
Me imagino la cara de la recepcionista al verlos llegar, pensando “¡Criatura! ¿Pero tú te has visto?” y dándoles la correspondiente cita –que ella es muy profesional y no cobra por descubrir talentos-.
Luego sucede algo que se escapa a mi comprensión: los tíos pasan el casting y ahora tienen un agente.
Siguen pasando cosas extrañas, misteriosas, inexplicables. Estos tipos, no sólo son modelos, sino que además protagonizan la campaña, el lookbook y el catálogo de una marca de moda internacional. ¡Eso es que te venga Dios a ver!
Y también veo a mamá, que no puede estar más contenta y orgullosa -en el fondo, ella tampoco daba un duro- sacando del bolso el librito de COS Autumn & Winter 2014 y enseñando a todas sus amigas las fotos de su hijo. Y las compañeras de café pensando, “Con lo feúco que es el muchacho, con esas orejas de soplillo que tiene, mira que dedicarse a la moda. Es que no vale nada la criatura ¡Y en una revista sale! Con lo monos que son mi Svend y mi Frida… ¡Qué injusta es la vida! ¡Y a ver quién aguanta ahora a Margaretha! Es que se está poniendo muy pesada, todo el día con las fotos para arriba y para abajo.


Otra duda existencial –soy capaz de dedicar horas muertas a cavilar sobre cualquier cuestión sin importancia- es el motivo por el que COS elige lo más feo de la temporada y/o lo que peor sienta a sus maniquís como imagen de su campaña. Porque la tienda tiene cosas súper chulas, pero en la web todos parecen los más tontos del lugar. Mi estímulo comprador recibe un jarro de agua congelada al ver mi elección en estas perchas tan deslucidas.
Es que los pobres chicos parecen todos medio tontos y disfrazados, como si el estilista estuviese experimentando con ellos para echarse unas risas; “Voy a ponerle uno guantes a ver qué pintas tiene… ¡Es que me parto!”. A lo mejor a los nórdicos les flipa el rollo retrasado-moderno pero a mí me entran ganas de enseñarles a leer, de tirarles una pelota para que me la traigan y repetir el proceso hasta que estén agotaditos los pobres, de salir huyendo antes de que me hagan algo con esa mirada de psicópata o de comprarles un helado y que se les vaya derritiendo y resbalando entre sus dedos.


Supongo que las cabezas pensantes de COS, tras haber llevado a cabo un carísimo estudio de mercado, han decidido que la cara de empanado-sociópata es la tendencia de esta temporada, como lo fue el diastema –sugiero que los amigos de David Delfín controlen su reacción ante la noticia, a ver si le va a dar por operarse también de eso-. Y nos lo venden sin hacerse demasiadas preguntas.


El caso es que yo no lo compro, estos chicos tienen de modelo lo que yo de astrofísica. Creo que en el mundo del cine podrían colar, yo sí les daría una oportunidad en un remake de Rain Man, Alguien voló sobre el nido del cuco, Despertares e incluso American Psycho. El tipo de protagonistas que requieren mucho trabajo de actor pero ellos parten con ventaja, el físico lo tienen.

22 mayo 2014

Las sandalias son para las tías.

Lo siento hombres del mundo, agobiados por ese calor sofocante en vuestras extremidades cubiertas y encerradas en sus zapatos, las sandalias* no son una opción para vosotros. Un pie sudado y atrapado en unos calcetines será siempre la alternativa correcta (la otra opción sería uno aireándose e igualmente pegajoso).

Verdad como un templo.

Soy consciente de lo difícil que resulta resistirse a la tentación, la oferta es tan amplia y variada en sus formas y colores. Pero no os dejéis embaucar, ignorad esos cantos de sirena provenientes de Arteixo, os llevarán irremediablemente a pique.
Os advierto también de su inteligencia y su tenacidad. No cejarán en su empeño, están tratando de manipularos, de convenceros con sucias ardides. Quieren que vayáis desnudando vuestros pies poco a poco, os acostumbréis a enseñar talón, empeine y uña para que terminéis cayendo en sus redes. Sed cautos, ante la duda, la respuesta es no. Un zapato de rejilla, uno trenzado, semi-cubierto, cangrejera… Todo son lo mismo, un augurio de sandalia.


El simple hecho de ponerse sandalias es una afronta; un guante lanzado a la cara de una sociedad estrecha y superficial que no es capaz de comprender que pasáis mucho calor, que no hay por qué estar incómodo y poco confortable, que no hay por qué someterse al yugo de los convencionalismos y las normas preestablecidas.
Pero esas reglas existen, están grabadas a fuego en nuestro consciente y subconsciente (incluso inconsciente vería yo a un tío en sandalias). Son inquebrantables. Son buenos modales, no tendencias. Y al igual que como usando los cubiertos y doy los buenos días en el ascensor, no uso el chándal para ir a la oficina y me afeito las piernas si las voy a enseñar.


Mi argumentación es fundamentalmente estética, casi óptica, y nada tiene que ver con la moda.
Desde un punto de vista clásico, me supone el mismo esfuerzo normalizar a un hombre con falda que a uno con sandalias. Es ropa de mujer (exceptuando el kilt y hace falta ser muy escocés), siempre lo ha sido y, de momento, siempre lo será.
Otro punto a considerar sería el propio pie. Normalmente peludo, lleno de callos de correr, uñas amoratadas de jugar a fútbol -y eso si están las veinte-, durezas que convierten plantas en suelas… Un panorama desolador.
La opción de un pie masculino sin ninguna de esas cosas me resulta sorprendente, por lo inusual, lo femenino, rozando la pedicura francesa. Muy raro.


Lamentablemente, mi mente es obtusa, terca. Yo no lo veo, las sandalias son cosa de mujeres.
Dicho lo cual, que cada uno se ponga lo que le reviente.



* Quedan fuera de consideración las chancletas que no tratan de ser más que unas tiras de goma para ir a la playa -y todos los usos adicionales fuera de la reivindicación fashion y la rebeldía estilística-.