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18 abril 2016

Creer o no creer, he ahí la cuestión.

A tu niño le duele la tripa, ¿verdad o cuento?
La madre de todas las preguntas.

Los niños son unos grandes actores y, cuando no quieren hacer algo, el dolor de barriga es un recurso la mar de socorrido. Resulta extremadamente difícil de contrastar y ellos lo saben. Basta con que pongan su mejor cara de pena y te señalen la zona abdominal en general (1/4 de su cuerpo) para sembrar la duda.

Tú tratarás de averiguar la verdad, porque tienes la sensación de que hay gato encerrado. Todo transcurría con normalidad hasta que se ha propuesto ese cambio de actividad tan polémico…


Te transformas en médico.
Toqueteas la zona, a ver si algún punto les molesta más que otro. Pones el termómetro pero no hay fiebre. Ofreces una galleta a ver si caen pero son tipos listos y pueden dejar pasar un huevo kinder si así consiguen su maléfico objetivo.

Pasas a detective.
Comienza el interrogatorio. Lámpara en la cara y ¿dónde te duele exactamente?, ¿tienes ganas de vomitar?, ¿desde cuándo te molesta?... Palos de ciego porque ninguna respuesta te dará información relevante. Se trata de conseguir que se vengan abajo y confiesen.

Cambio de estrategia, un poco de miedo al doctor.
Pues voy a llamar al médico, a lo mejor hay que poner una inyección para que se te pase el dolor de tripa.” Pero los niños han ido un montón de veces al pediatra y te aguantan el órdago; cuando están malitos, no suele tocar pinchazo -es más bien al contrario-.

Y nos queda un último cartucho, el chantaje emocional y la moralina barata.
Es importante decir la verdad cuando te encuentras mal porque mamá se preocupa. Te voy a contar un cuento, ¿conoces al pastor mentiroso?” Le cuentas toda la historia sobre la importancia de decir la verdad, el sermón completo, y lanzas la estocada final:
- Entonces, ¿te duele la tripa?
- Sí.

Nada ha dado resultado así que sigues según lo previsto, aunque no le quitas ojo, buscando el gesto delator definitivo. Pero no llega y su historia sigue sin sostenerse.
La decisión está tomada: era una trola.


Y a media mañana, recibes una llamada en la que te comunican que tu hijo está en la enfermería del colegio con 38º de fiebre y te piden que, por favor, vayas a por él.

Menuda madre de mierda.
Una despiadada con el corazón de hielo.

29 febrero 2016

Ideas para un fin de semana lluvioso con niños.


Foto original de Ode to Things
  • Pintar.
  • Ponerlos a la venta.
  • Ir al cine.
  • Dimitir del puesto de madre.
  • Hacer manualidades.
  • Huir.
  • Jugar al memory.
  • Hacerse la muerta.
  • Echar una oca o un parchís.
  • Mudarse, dejando a los demás inquilinos dentro de casa.
  • Unas carreras de coches.
  • Tomarse un par de ansiolíticos.
  • Hornear un bizcocho.
  • Gritar muy fuerte tapándote la boca con la almohada.
  • Bailar.
  • Encerrarte en la habitación todo el fin de semana –con pestillo, por supuesto-.
  • Leer un cuento.
  • Arrancarse mechones de pelo.
  • Ver unos dibujos.
  • Acostarlos a las 16:00.
  • Un partido de fútbol en el pasillo.
  • Beber exclusivamente gin-tonics.
  • Un puzle.
  • El harakiri.

Después de un fin de semana así, el lunes se presenta mucho menos gris que de costumbre.


18 febrero 2016

Tiempo con tus hijos según IKEA.

Dedicar tiempo de calidad a tus hijos, ¡qué bonito!

La gran duda es el concepto mismo de calidad.
¿Se trata de atención, paz y armonía, juegos y risas?
Y tiene que ser todo junto, ¿no?
Es que me parece bastante complicado educar y poner límites mientras nos reímos y abrazamos como en un anuncio de gel de baño. Si estoy educando, normalmente, será en contra de sus propios intereses –véanse las frases que acompañan cada día la paternidad-. Entonces, si todo termina en bronca, aunque sea con las mejores intenciones educativas, ¿ese tiempo cuenta como de calidad? Porque para él es un asco y para mí, también. Vamos, que tiene toda mi atención pero ninguno de los dos está disfrutando del momento.

Y así, entre una cosa y otra, ha pasado la tarde y no hemos tenido ni un segundo tipo protagonistas de anuncio de IKEA, horneando magdalenas -bueno, tendrían que ser unos muffins-, regando las hortalizas ecológicas de nuestro pequeño invernadero o manchándonos la punta de la nariz con témpera azul muertos de risa.


En serio, ¿alguien tiene una mazorca de maíz en casa? ¿Dónde se compran? En mi frutería no me suena haberlas visto. ¿Comprar una para “reciclarla” a modo de rodillo de pintura es tiempo de calidad? Y si sólo encuentras maíz en lata, ¿a qué juegas entonces?

¿Habéis intentado hacer un sello con una patata en serio alguna vez? O eres un asiático tallador de fruta profesional, que lo mismo haces un corazón en una patata que una pareja de cisnes alzando el vuelo con un kiwi, o esa idea sólo sirve para desperdiciar una patata y darte cuenta de que como eco-madre con ideas chulis y súper creativas eres un cero a la izquierda.
Parece ser que ahora se llevan las estampaciones con hinojo -el típico producto de fondo de nevera- para hacer un puto punto, o un trozo de col para un efecto manchurrón más desenfadadoLo más de lo más, comprar para dar un uso alternativo a alimentos que jamás comerás.

Y después de tratar de pasártelo fenomenal y poner toda la cocina patas arriba, el entretenimiento no ha durado ni media hora y vas a tardar más del doble en recoger las témperas, las patatas, fregar el suelo, lavar al niño, quitar la pintura de ropa y mobiliario…


Otra gran idea para pasar tiempo de calidad es construir un robot más grande que Barcelona utilizando cajas viejas –que, de nuevo, tendría que coger de la basura-, folios, papel higiénico, cinta americana y una peluca gigante (¿?).
Ya puedo ver su decepción, tanto tiempo y tanta caja para esta mierda monumental con la que no se puede jugar a nada. Y, además, en mi casa normal y corriente no pega, como no es un loft retro-industrial con suelos de cemento pulido y paredes desconchadas.


¡Qué divertido! ¡Pompas de jabón en casa! A lo mejor los hogares suecos no se pringan y a sus preciosos retoños no les chorrea el bote, ni se les cae todo el jabón encima del sofá a los dos minutos de abrirlo. Francamente, yo sólo veo problemas, eso sí, de calidad.

Jugar a ser su diana disfrazada de mosca podría resultar apetecible pero tengo todos los boletos para recibir un pelotazo en el ojo, que el niño no consiga acertar ningún tiro y todo acabe como el rosario de la aurora. Él, cabreado y frustrado, y yo, con el gorro de mosca y un ojo rojo, buscando un sitio para guardar para siempre la diana nueva mientras emito mensajes motivadores: “No te enfades, a veces hay que entrenar un poco para que salga bien”, “Las cosas no siempre salen como queremos.”, “Hay gente que tiene buena puntería y otra que tiene que ensayar más para que le salga bien.”. Para terminar gritando, a años luz del afable abuelo del catálogo –espero que sea el abuelo…-, “Pues enfádate si quieres. Ya tienes dos problemas: enfadarte y desenfadarte.


Nuestra tarde ha sido más bien una labor de supervivencia, intentado que el niño no se desmadre y tratando de que la madre mantenga la compostura, sin pegar demasiados berridos. Creo que me faltan muchos puntos nórdicos para alcanzar el objetivo tiempo de calidad con hijo.

Aunque espero ansiosa el día en el que podamos vivir este momento IKEA tan bucólico.
Tiene más de espacio que de tiempo compartido –se pueden ver los pies de papá, así que está ahí, en la misma habitación, con su hijo- pero no me cabe duda de que su calidad es excelente.

01 febrero 2016

Madrastrona.

Cómetelo.
A la cama.
Ahora no.
Eso no se hace.
¡Castigado!
¡No!
No corras.
¡Venga!
¡Porque lo digo yo!
Termínatelo.
¡Así no!
¡No te quiero oír chistar!
No protestes más.
¡Pide perdón!
Hazlo tú solo.
¡Te vas enterar!
No cojas eso.
¡¿Quieres que me enfade?!
Sal de la bañera.
¡He dicho que no!
¡Cuento hasta 3!
Pórtate bien.
No se llora por tonterías.
Déjalo.
La vamos a tener…
¡Pues te aguantas!
Límpiate.
No grites.
¡¡Que no grites!!
Suéltalo.
¡Cállate!
No se pega.
¡Ven aquí ahora mismo!
Eso no se toca.
¡Cuidado!
Recógelo.
¡Vale ya!
¡Se acabó!


Y al final del día, te sientes como una auténtica arpía.

giphy.com

23 noviembre 2015

Un cómic para papá.

Soy muy fan de Guy Delisle, cualquiera de sus libros me parece un regalo fantástico -mucho más si no has tenido el placer de conocerlo todavía- pero con “Guía del mal padre” te lo pone en bandeja estas Navidades.


Una serie que es un muestrario de toda clase de meteduras de pata paternas. Es imposible no echarse unas risas y no sentirse retratado, porque todos tenemos nuestro propio anecdotario como malos padres.








12 noviembre 2015

Horario europeo.

En mi casa tenemos horario europeo. No es una cuestión de educación, productividad, ahorro energético o cualquier otra buena intención nórdica, simplemente, a las 8:30 estoy deseando cerrar el chiringuito, con el niño en la cama y la casa en silencio, y dedicarme a lo que quiera.



¿Y cómo conseguir acostar a la criatura a esa hora?
Supongo que hay que empezar desde muy pequeños, convencidos de que es un horario estupendo. Lo más habitual es que dormir –a cualquier hora- no sea una tarea demasiado fácil. Entonces, el Doctor Estivill hace su aparición y en tres días está todo medianamente encarrilado.
Duérmete niño tiene sus detractores pero hay un momento en el que el asunto se vuelve ridículo; tan absurdo que no puedes disimular y ves el circo que estás montando.
La clarividencia me llegó un día que, tras columpiar durante una hora en la hamaca, con el salón a oscuras, una tortuga proyectando estrellas de colores en el techo mientras canturreaba -creo que sólo me faltó hacer malabares en un monociclo-, el tío seguía despierto, con los ojos como platos. Entonces lo supe, había que hacer algo o acostarlo iba a ser un infierno diario.
Y, aunque hubo que aguantar algún que otro llanto, lo conseguimos. ¡Y sigo viviendo de esas rentas!

Desde entonces, seguimos con el mismo horario: acostarse temprano y levantarse ídem. Y como la segunda parte de la ecuación permanece constante -lo tengo comprobadísimo-, por lo menos cerramos la persiana -literal y figuradamente- antes de las 21:00.
Claro que los fines de semana tenemos que seguir una rutina parecida, no vale acostarlo más tarde porque madrugará igualmente pero estará cansado y el día será muy largo y tedioso.
Hay que elegir y prefiero esta espiral a la de tarde-tarde, sólo imaginar que a las 9 de la noche me quedan todavía dos horas de niño potreando, me entran sudores fríos.
Es que a las 11 de la noche un niño está tan pasado de rosca que lo mismo te corre una maratón, con esa energía speedica tan característica, pero yo sí estoy cansada de ser mamá.


Criar es pura supervivencia, hacemos lo que podemos, pero creo que rascar un par de horas a la noche es calidad de vida para los padres.

09 noviembre 2015

El tema estrella: la muerte.

¡Ya ha llegado! ¡La tenemos aquí! Estamos en esa preciosa época de la infancia en la que muerte hace su aparición cada 5 minutos.



El niño ya ha pillado que lo de morirse es un asunto muy turbio. Se está coscando de que es algo irreversible. Intuye que parece irremediable. Y, encima, eso del cielo no termina de convencerlo, si uno no puede volver de allí cuando quiera…


Así que ahora mi vida se divide en momentos en los que hablamos de la muerte y momentos en los que recupero el aliento tras exprimirme la sesera buscando una respuesta tranquilizadora a tan terribles cuestiones.
- Mamá, no quiero que te mueras.
- ¿Por qué la gente se muere?
- No me quiero morir.
- ¿Los abuelos se van a morir?
- No me gusta el cielo.
- ¿Te vas a morir?
- ¡Mira mamá, estoy muerto!
- No quiero que te hagas vieja porque te morirás.
- ¿Si te vas al cielo puedes volver?
- Si se muere toda la gente, ¿el mundo se quedará vacío?
- ¿Cómo vas hasta el cielo si estás muerto?
- Los abuelos son viejos y se van morir.



Demasiada duda existencial, metafísica y religiosa para un niño de cinco años. Y demasiadas preguntas para las que su madre no encuentra respuesta ni consuelo; he llegado a sugerirle el budismo porque “los budistas sí pueden volver del cielo así que tú serás budista si quieres.
Si esto no es una mamá desesperada, que venga Dios y lo vea.


Nota: Las ilustraciones son de hermAna, que es una artista. ¡Gracias!


16 julio 2015

Campamentos de verano o niños KO.

Con papá y mamá trabajando en julio, hay que tirar de planes con horario escolar para poder llegar a todo. Estas vacaciones son de mentira, lo sé, el niño sigue madrugando y nada de jugar un rato por la mañana, hay que meter el turbo y salir de casa pitando para que pueda disfrutar de sus falso veraneo.



Pero no nos queda otra… Así que si quieres asegurarte de que tu hijo no se aburre, la solución es un campamento, colonia o actividad a jornada completa. No puedo garantizarte que vaya a divertirse, lo que sé es que llegará a casa reventado, manso como un corderito. Bueno, puede que tan cansado que hasta se ponga un poco insoportable, pero podrás acostarlo súper temprano porque caerá rendido, el pobre.


No sé si mi niño disfrutará algún día de las vacaciones de antes, en las que te asilvestrabas completamente de puro veranear, mientras tanto, jugaremos a que esto mola mucho y es súper diferente a ir al colegio.
En agosto compensaremos a los niños y, sobre todo, limpiaremos nuestras sucias conciencias de madres trabajadoras (también aplicable para padres).


11 junio 2015

Los grandes temas a explicar.

Los niños, sus preguntas, dar con la respuesta adecuada… ¿Cómo afrontar las dudas existenciales de nuestras criaturas? Pues, francamente, no tengo ni idea.


Básicamente, me guío por tres principios básicos:
  • Contestar únicamente a la cuestión planteada.
  • No meterme en ningún fregado.
  • Salir de ahí lo antes posible.

Y cumpliendo estas sencillas reglas, vamos sobreviviendo. Él pregunta lo que quiera y yo respondo lo estrictamente necesario, sin dar información adicional que pueda abrir la puerta a nuevos asuntos que no se le hayan ocurrido de motu propio. No subestimemos el poder de un por qué, en un tris estás metido en un jardín.


Por supuesto, las primeras pesquisas son una cuestión de género, yo tengo, tú no tienes, yo no tengo, ¡qué grande!, ¿qué tienes? et ainsi de suite
Lo dicho, ante estas situaciones, cerremos rápido que no sabemos qué derroteros puede tomar la conversación.
- ¿Tienes pito?
- No.
Si hay suerte, se acaba aquí. Si le da por indagar, haremos lo que podamos.
- ¿Por qué?
- Porque soy una chica y las chicas no tenemos pitilín.
Nótese aquí cómo contesto claramente sin empantanarme.

Tarde o temprano, surgirán las evidentes dudas colaterales.
- Y si no tienes pito, ¿haces pis?
- ¿Haces caca?
- ¿Por qué te sientas?
- ¿Y por dónde haces pis?
Y un millón de vueltas más al mismo asunto, desde cualquier óptica posible.
- Sí.
- Sí.
- Las chicas no podemos hacer pis de pie, no podemos apuntar así que nos tenemos que sentar.
- Pues también tenemos un agujerito para hacer pipí, lo que pasa es que no se ve.


Otro tema puntero es la muerte. Creo que les gusta simplemente decirlo, no tengo claro qué forma le dan en sus cabezas.
La muerte suele aparecer viendo dibujos:
- ¡Se ha muerto!
- Sí.
Espero a ver si sucede algo más… Parece que no. Tema zanjado por hoy.
Una versión más compleja, que trabaja últimamente, es la siguiente:
- ¡Se ha muerto! Ya no está.
- No, no está.
De nuevo la incertidumbre. ¿Desarrollará el tema? Porque, en este punto, sólo queda recurrir al cielo. Y, en mi caso, no deja de ser hambre para mañana, que ando muy escasa de fe como para agarrarme a la otra vida -con sus posteriores aclaraciones-. Pero, claro, tampoco le voy a decir que polvo eres y en polvo te convertirás.
Me quedo con el cielo, ya gestionará las discrepancias realidad-religión mi yo del futuro.


Y por último tenemos los asuntos más básicos, dudas sencillas sobre física, astronomía, medicina, biología… de los que no tenemos ni idea. Además de lidiar con la humillación y el analfabetismo, hay que salir del atolladero. Solución: medio responder algo que suene creíble, posible o no demasiado alejado de la verdad, aunque siempre podemos irnos por la tangente.
- ¿Por qué tenemos huesos?
- Nos hacen falta para poder estar de pie, estirar los brazos… Si no tuviéramos, seríamos blanditos.
¡Toma ya! ¡Viva la medicina!
- ¿Por qué la Coca-cola tiene burbujas?
- Porque tiene gas.
- ¿Por qué?
- Porque se lo han puesto para que esté más rica.
Estoy esperando que me reclute alguna universidad para hacer una tesis doctoral.
- ¿Por qué hay eco?
- Porque el sonido rebota en las paredes.
- ¿Por qué?
-...
Y siguió jugando con el eco y dejando a su madre sumida en la miseria. ¿Cómo era? ¿Rebota y se amplifica? Voy a mirar en Google. Creo que tengo que retomar el tema y quitarme la espina de la ignorancia.


Ser padre consiste en aprender. Y no sólo sobre la vida, es aprenderte la tabla del 7 que la tienes oxidadísima, si es que llegaste a sabértela en condiciones.

19 marzo 2015

¡Felicidades, papá!

Porque pincháis cuando dais besos.
Porque les hacéis morirse de risa.
Porque os quieren con locura.
Porque les hacéis volar más alto que nadie.
Porque sois sus ídolos.
Porque jugáis a fútbol y a las casitas.
Porque hacéis carreras y columpiáis súper alto.
Porque contáis los cuentos más divertidos.
Porque podéis ser siempre los más altos y fuertes de todos los papás.
Porque conducís un coche.
Porque papá es sinónimo de fiesta.
Porque habéis aprendido a pintar las uñas.
Porque os seguís riendo con la escatología.
Porque sois unos aventureros.
Porque conjuntáis vestidos, zapatos y lazos –más o menos-.
Porque cantáis canciones, acunáis y dais larguísimos paseos.
Porque hacéis el bruto mejor que mamá.
Porque conocéis a todas las princesas Disney.
Porque os sentáis en sillas en miniatura.



Porque sois los mejores papás del mundo, os merecéis un poema y una canción, un dibujo y un garabato, un sujetapapeles hecho con una piedra y una escultura de plastilina.


¡Feliz día del padre!


16 marzo 2015

Sobrepasada.

Por la lluvia.
Por el encierro.
Por el cansancio.
Por el sueño.
¡Porque lo digo yo!
Por contar hasta 3 mil veces.
Por poner límites.
Porque los anda buscando.
Por enfadarme.
Por no hacerle caso.
Por hacerle demasiado.
Por no jugar.
Por castigar.
Por tener que cumplir el castigo.
Por obligar.
Por que obedezca a la primera.
Por los “¡No quiero!”.
Por la pelea constante.
Por lo gritos.
Porque no sé si soy dura.
Porque a lo mejor soy blanda.
Por dudar de mí.
Por sentirme culpable.
Y porque la suma de todas estas cosas, a veces, me sobrepasa.

scamanders.tumblr.com

Pero mañana será otro día.
Borrón y cuenta nueva.
¡Menos mal!


19 febrero 2015

¿Abuelos o cuidadoras?

Nuestros padres son el eslabón esencial de la conciliación. Sin ellos, trabajo y paternidad serían difícilmente compaginables. Porque la vida de un niño está llena de imprevistos, muchos más que días de vacaciones en tu convenio colectivo... Los necesitamos mucho y, precisamente por eso, no deberíamos abusar. Craso error cogerles el brazo cuando, amablemente, nos tienden su mano.



Me parece importante no perder la perspectiva, ellos son nuestra respuesta ante una eventualidad, aunque sea demasiado habitual. No equivoquemos conceptos y confundamos amor de abuelos con servicio doméstico.

Puede que su cariño sea infinito pero sus fuerzas, no. Cuidar a un niño todas las tardes de lunes a viernes es un curro agotador. A nosotros, que a veces deseamos que sea lunes para poder descansar, nos lo van a contar.

Una obligación diaria dista mucho de ser un favor. Acabamos de endosar un trabajo de larga duración –hasta la adolescencia, como unos 13 años- a personas en edad de jubilación.

En agradecimiento, creemos que bastará con la preciosa experiencia abuelo-nieto y todo ese cariño fluyendo entre generaciones. Aunque a nosotros el amor no nos dé tanto de sí como esperamos que les cunda a ellos.

Además, está toda esa responsabilidad cayendo sobre sus hombros. Porque todos los días de la semana son demasiados para que puedan ejercer únicamente el papel de abuelos. También les toca educar a nuestra progenie. Queremos que merienden fruta, nada de chucherías, que no coman nada a partir de las 19:00 que luego no cenan, que no vean mucha televisión, que no jueguen demasiado con el iPad, que salgan a la calle a que les dé un poco el aire. Vamos, que ponemos un sinfín de condiciones, como si superar la tarde con los nietos como buenamente puedan no fuera suficiente. Que levante la mano el padre que no tira de dibujos animados una tarde lluviosa de domingo.

Seguramente seamos capaces de organizar nuestra vida de manera más independiente aunque también es probable que nos cueste más pasta, la gente cobra por cuidar niños de 16:00 a 20:00 de lunes a viernes.



La decisión de tener hijos -y cuántos- es personal e intransferible, como también lo son las responsabilidades, obligaciones y renuncias que conlleva. Yo agradezco infinitamente cuando me ayudan, pero prefiero mil veces cuando no tienen que hacerlo. Conseguirlo yo sola, sin necesitarlos, es una gran victoria.

Entonces, nos vamos a hacer una visita a los abuelos, que les hace muchísima ilusión estar con sus nietos.

29 enero 2015

Hasta el límite.

Por fin ha llegado la maravillosa etapa, la que todo padre ansía, la que pone a prueba la paciencia, el aguante, la contención, el ánimo, la constancia, la memoria. El gran momento está aquí y el retoño está buscando los límites.



En un principio pensaba que esta parte de la educación consistía exclusivamente en establecer unas normas. Ellos tendrían que cumplirlas siempre. Nosotros nos encargaríamos de que eso sucediera. Creía que la coherencia era la clave y la principal dificultad, cuántas veces no habré querido saltarme mis propias leyes por resultar de complicado cumplimiento. He suspendido muchas veces, convencida de que un día no podía crear norma frente a los 364 restantes. ¡Craso error! Lo bueno se graba a fuego en sus cerebros en pleno desarrollo.


Resulta que eso era únicamente el comienzo, una primera parte en la que sólo hemos establecido las reglas del juego. Ahora vamos a pasar a la acción…
Mi rival, que levanta un metro del suelo, ha tomado la firme decisión de averiguar hasta dónde soy capaz de llegar. Un planteamiento alternativo, con un punto más amenazante pero no menos cierto, sería que él va a llegar hasta el final, hasta el pollo, la pataleta, la rabieta, el cabreo, el llanto o la amenaza. La jugada va a terminar, inexorablemente, ahí; lo único que puedo elegir es cuánto margen de maniobra le voy a dejar.

Empecé siendo más generosa, pensando que la situación podía salvarse cambiando de tercio. Creí que reaccionaría a la apocalíptica amenaza “¡Cuentos hasta tres!”, que llegaron a ser trescientos y seguíamos en el punto de partida. Traté de castigar sin un juguete, dos, cinco, ninguno. Subí la apuesta a no hay cuento. Hice un órdago con el i-Pad. Pero la cosa no cambiaba. Bueno, alguna variación sí se veía: mi mala leche iba en aumento a la par que se agotaba mi paciencia, pero no era ésa la idea. En cualquier caso, el resultado permanecía inmutable, bocinazo, exabrupto, bronca y llanto.

Así que, vista la persistencia de esta fase, se imponía un cambio de estrategia, tomar medidas más efectivas. Me he vuelto más práctica, más estricta y, sorprendentemente, más. zen. He decido que el final, el punto de estallido, sea lo antes posible, evitando así prolongar una agonía. Para qué dilatar un proceso abocado, irremediablemente, al fracaso.
Así pues, mi límite está a la vuelta de la esquina, llegamos a él en un suspiro. No voy a repetir lo mismo 25 veces, lo dejaré entre 3 y 7 (la primera se la lleva siempre el viento) y, si no hace caso, pasamos directamente a la siguiente tarea. Sin broncas, ni gritos, ni pollos. No se quiere desnudar, quitamos el baño. No se jabona, salimos del agua. No quiere cenar, a lavar los dientes. Pasa de cepillárselos, a la cama con los piños sucios… Y así todos los días, mañana y noche.

¿Y cómo es posible que gane yo si no se lava los dientes? Porque sin enfrentamiento, no hay guerra, que es exactamente lo que anda buscando. Ahí es donde reside la victoria.


Ya se aburrirá de buscar camorra, espero…