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02 junio 2016

28 abril 2016

Un póster para cada habitación.

Debbie Carlos nos pone muy fácil la decoración de casa. Ya sea la habitación de los niños, nuestro dormitorio, el pasillo soso, el cuarto de los adolescentes, el salón. Debbie tiene una idea, sencilla pero efectiva, para cada rincón de la casa.

En lo que se tarda en poner unas chinchetas, tenemos una ventana donde antes sólo había gotelé.

Y si queremos, añadimos las vistas.



Si al cuarto de los niños le falta algo, anímate con unos animales. Desde el conejito adorable para el cuarto del bebé, pasando por jirafas, focas o cervatillos. Y así daremos vida –reboso ingenio, lo sé- a unas paredes aburridas.




También nos podemos decantar por algo que les guste.


O dejarnos llevar por el surrealismo.


Me gustan mucho sus fotos de flores, ya sean en color o en blanco y negro. Con un punto más femenino, pero sin caer en la cursilería floral, las colocaría en las paredes de las adolescentes, antes de que la Súper Pop y el Dylan correspondiente –me quedé en Sensación de Vivir- se hagan con toda la superficie disponible.




Y por último, un toque de color para el salón, un despacho, la entrada o cualquier rincón abandonado y marchito de nuestro hogar.




Por 40$, tenemos una ventana, flores que no se mueren, animalillos, un precioso cielo azul...
¿A qué estás esperando? Tus paredes no se van a llenar solas.

17 marzo 2016

Apps guays -y gratis- para editar fotos.

En Semana Santa, seguro que damos rienda suelta al fotógrafo que llevamos dentro y sacamos unos cientos de instantáneas de nuestros retoños, el perro, una comida familiar, la cena con amigos, un paisaje, nuestros pies. Son unas fechas propicias para llenar la memoria del teléfono de recuerdos.

Para los que les gusta enredar un poco con las fotos, aquí van algunas aplicaciones gratuitas para poner filtros, bordes, efectos, texturas, hacer collages o poner un marco.
Así podremos mandar una versión más apetecible de la foto de los niños al grupo de Whatsapp, que las recibe por docenas.


Seguramente, habría que empezar por sacarle algo más de partido al editor del teléfono. Tiene muchas posibilidades, puedes utilizar los filtros predeterminados y la mejora automática o trastear con la luz, la exposición, la saturación, el color… Un montón de posibilidades de serie que, seguramente, estás desaprovechando.
Pero si eres un poco torpe, perezoso o, directamente, se te hace un mundo, con alguna de estas aplicaciones conseguirás que tus fotos luzcan más con la ley del mínimo esfuerzo (bueno, puedes esforzarte menos y dejarlas tal cual).


Una app muy agradecida, sencilla y práctica con la que dar un estilo retro y muy favorecedor a tus fotos. Tiene pocos filtros pero todos quedan geniales y hay alguna textura interesante.
Se puede añadir texto -las fuentes también están muy bien elegidas- o insertar imágenes con textos prediseñados divertidos.
La pega es que hay que pagar para quitar la marca de agua PICLAB (que me da muchísima rabia). Lo bueno es que por 2,99€ puedes tener la aplicación con todas las opciones.


Tiene bastante filtros aunque están predeterminados y no se pueden ajustar así que tendrás editar la imagen antes de pasar por aquí (sobre todo, si te ha quedado oscura). Las texturas y los bordes son chulos y, si te gustan, hay unos cuantos efectos entre los que elegir.


Un montón de filtros agrupados por temas que, además, puedes ajustar a tu gusto. Tiene también algún efecto interesante -la opción scratch para conseguir ese rollo de imagen vieja-. En cuanto a bordes, poco que rascar.


Aunque está pensada para hacer invitaciones y collages, añadiendo imágenes, fondos, emoticonos y texto, me gusta mucho su selección de filtros con intensidad regulable.
Muchas veces he pasado una foto por aquí antes de añadirle algún efecto o textura en otra aplicación.
Sencilla pero merece la pena dedicarle unos megas de espacio en tu teléfono.


Con ésta hay que currárselo un poco más hasta dar con lo que quieres. Pero es que tiene muchísimas opciones, además de su propósito original de hacer un collage con una única foto –queda muy resultón- o con varias.
Puedes deshacerte de todos los trozos, quedarte con una sola imagen y aprovechar todas sus posibilidades, que son muchas: filtros estupendos, bordes a granel, fondos, insertar texto, pegatinas, dibujos.
El problema es que no sabrás con qué quedarte.


Una vez que hayas puesto un poco de todo a tu imagen, sólo te queda enmarcar.
Con esta app –que se supone que es para comprar- puedes poner un marco y un paspartú a tu, ahora sí, preciosa foto de familia.



Y una vez que le pilles el gusto, las pasarás todas por una de estas aplicaciones o, peor aún, la combinación de un par o tres. Y perderás un montón de tiempo buscando el filtro perfecto pero tus fotos serán súper chulas.


08 febrero 2016

14 diciembre 2015

¿Y si volvemos al álbum?

Mi infancia está en un álbum azul en casa de mis padres, la de mi hijo en millones de fotos y vídeos guardados en todos los teléfonos, cámaras y ordenadores que he utilizado durante estos años.


He retratado tantos instantes de su vida que necesitaría otra para poder verlo todo.
Sé que grabé su primer baño, sus primeras frutas, sus primeros pasos y todos sus intentos comunicativos, aunque ahora no sé exactamente dónde están.
Apostaría a que existe una foto de casi todos los días de su vida, aunque estén guardadas con un nombre tan sugerente como 582LXTWS.

Está todo el material almacenado, desordenado y disperso en tarjetas de memoria, en discos duros, en carpetas, en alguna parte, en algún dispositivo. Megas y megas de recuerdos que no harán más que aumentar, porque seguiré haciendo fotos y vídeos a mansalva. Y los guardaré en mi teléfono hasta que no quepan más. Y entonces lo pasaré todo al ordenador y se guardarán con un una nueva y confusa combinación alfanumérica 579HXMW.
Calculo que seguiré así hasta acumular un terabyte o hasta que cumpla los 12, que es cuando termina mi álbum. No sé si será el tope de interés paterno o es que a mis padres les tocaba comprar el siguiente tomo y decidieron dejarlo, como en la adolescencia estamos tan feúcos.


Tal vez sea una buena idea empezar a imprimir. Hacerle un álbum, en lugar de darle un USB cuando sea mayor, y que pueda ver los momentos estelares de su vida, en vez de su infancia en tiempo real.
Total, sólo son cinco años de material sin clasificar…



10 diciembre 2015

Una fotógrafa: Vivian Maier.

Fue descubierta por casualidad y así es como yo la he encontrado.


17 septiembre 2015

¿Tíos de anuncio?

El otro día cayó en mis manos un ejemplar ICON, la revista masculina de EL PAÍS. Como todo buen magazine de moda que se precie, tiene más anuncios que contenido. En este caso, los destinatarios de este despliegue de medios son los hombres, igual que los modelos protagonistas de las campañas.

Y mientras ojeaba unas propuestas bastante ridículas para este invierno, caí –de nuevo- en la cuenta de lo feos que eran los tíos de los anuncios. Me pareció algo francamente desconcertante, yo que pensaba que el mundo de la moda necesitaba macizos para vender sus productos.

Algo me olía desde hace un tiempo, con esos modelos feúchos de las tiendas on-line pero esto es otra historia; hablamos de su imagen de marca. Son las caras que veremos en marquesinas, autobuses, revistas, televisión. Y, francamente, no veo el punto a esta nueva tendencia. Lo más probable es que, como inexperta en el universo del marketing, esté cerrada a las nuevas corrientes publicitarias en las que un cardo vestido como un mamarracho suponga un éxito de ventas abrumador entre los ricachos.


Si fuera hombre, no dudaría ni por un segundo en comprarme un bolso enorme y subirme a un autobús con cara de puteo.

¿Eres simplemente idiota? Loewe es tu gran aliado.


Seguro que John Travolta y sus injertos de pelo, su tinte negro azabache, su cara operada y una sonrisa de lo más forzada es un hacha vendiendo relojes.

Quiero ser un nerd vestido de Louis Vuitton y viajar a exóticos lugares con preciosos atardeceres.

¿No terminas de encajar? ¿La gente piensa que eres borde? ¿Tiendes a estar malhumorado? ¿Tienes cara de pocos amigos y te molan los tartanes? No eres un bicho raro, eres un cliente tipo de Givenchy.

Balmain o la muerte os sienta tan bien. Poco más que añadir a esta versión tan transgresora de La Pietà, seguro que están todos los creativos celebrando por todo lo alto su genial ocurrencia.


En fin, parece que de ahora en adelante tendremos que acostumbrarnos a esta panda de mangarranes. Me pregunto dónde quedaron los tipos como Albert Delegue, guapo entre los guapos. Todavía puedo recordarlo mirándome desde la parada del autobús.


¡Qué tiempos!


27 julio 2015

Instagram o jugando a ser modelo.

Estoy fascinada con las cuentas de Instagram dedicadas a alimentar el ego. Nada de hacer fotos chulas o subir preciosos paisajes, no, se trata de compartir lo mucho que te gustas y lo bien que posas en cualquier situación: en la playa, en un barco, en el campo, de picnic, con un trikini.

Cada instantánea destila que no eres modelo porque no quieres, se ve claramente que habrías podido, de haber estado en la heladería correcta en el momento justo en el que el cazatalentos de Elite pasaba por allí con ganas de tomarse un refrigerio y poder fijarse en ti y tus infinitas posibilidades en el mundo de la moda. Pero eso no pasó, no tuviste esa clase de suerte aunque de pequeña te llamasen larguirucha y tus compañeras de clase se rieran de ti porque eras un patito feo, demasiado alta y delgada.

Sin embargo, luces estupenda a tus treinta y tantos así que has decidido mostrarle al mundo lo bien que se te da el modelaje y aquí estás, subiendo fotos a Instagram, posando como si fueras el mes de mayo de algún calendario –no tengo claro si Pirelli, Playboy o un almanaque de frenos de disco-.

Me he quedado prendada de las poses, los looks, los ángulos, la luz… Todo resulta tan poco natural que un escalofrío de vergüenza ajena recorre mi espalda. Y el caso es que no salen mal –faltaría más- pero esa cabeza colgando hacia atrás en un ángulo casi incompatible con la vida es tan poco casual como que te pillen despistada y te fotografíen justo cuando abrazabas una sombrilla en la playa con una pamela.


Sólo tienes que superar la vergüenza, el ridículo, la risa floja y las miradas de sorpresa, asombro y desconcierto de los viandantes.
Ahora sólo estáis la cámara y tú.
Déjate llevar.
Posa.
Crea.
Comparte.

11 mayo 2015

How old o es imposible parar.

How old I look? es una web de lo más chorra: subes una foto y te dice la edad que aparentas. Es totalmente insustancial pero lo que resulta más ridículo es que no podrás parar. Foto que hagas, foto que acabarás subiendo para ver el resultado.

La casuística a la que nos enfrentamos, y por la que nos veremos obligados a subir fotos mucho más allá de lo razonable, sería la siguiente:
  1. Que howold.net te eche muchos años menos que los que realmente tienes. Entonces, querrás ver hasta dónde es capaz de llegar en su generosidad: 5 años menos, 10, 15… Las posibilidades son infinitas y tu autoestima subirá como la espuma.
  2. Que la web no acierte, ni por asomo, tu verdadera edad y te veas abocado a subir imágenes hasta que alguna se aproxime a tu década. Y esto no es tan sencillo, requiere un montón de intentos que pueden depararte sorpresas muy desagradables, como tener la edad de tu padre. Esto generará una enorme frustración en las víctimas pero muchísimas risas para los que se encuentran en el privilegiado primer caso.
  3. How old calcula la edad de todas las personas que salen en la foto y, aunque nos interese mucho conocer qué opina tiene sobre nosotros, es aún mejor saber qué piensa sobre todos los demás. Las comparaciones son odiosas, salvo que la aplicación sea tu amiga y resultes ganador con 10 años menos que el resto de los presentes. Puedes llegar a tolerar sin ningún problema que se equivoque contigo en algún año si a los demás les echa una década encima.

No sabría decir qué algoritmos utiliza este programa, se escapan a cualquier criterio visual humano; dos personas que aparentan la misma edad resultan ser de generaciones diferentes según su inexplicable criterio. No consigo explicarme por qué yo me muevo entre los 20 –lágrimas de alegría- y los 38, con una media muy inferior a mi edad real, mientras que algunos no logran bajar hasta los 40. Es una pena para ellos, que intentarán con verdadero ahínco hacerse amigos de la aplicación, y una alegría para nosotros al ver que, cuantos menos años les echa a ellos, más joven resultamos ser.


A mí, de momento, me ha tocado el lado bueno y howold.net ha sido bastante generosa conmigo. Os aconsejo que no lo intentéis porque no podréis parar, es tan fácil hacerlo desde el móvil -eligiendo cualquier foto de vuestra fototeca- que terminaréis echando años a todos vuestros amigos, conocidos, familiares, hijos.

Os deseo mucha suerte…