16 junio 2016

Decoterapia.

Cambia, mueve, recoloca.
Atornilla, clava, martilla.
Arranca, quita.
Pinta, lija, enluce, barniza.
Ordena, regala, tira.
Descuelga y vuelve a colgar.
Adecenta, recupera, retapiza.
Compra, rebusca, inspírate.
Tapa, arregla, limpia.

Puede que al final todo se quede como estaba pero, mientras lo intentabas, habrá pasado el tiempo.
¡Haz decoterapia!


09 junio 2016

Hoy me conformaría con estar ahí.


Poco más que añadir.
Que pasen ustedes un buen jueves.


06 junio 2016

Resistiendo al emoticono.

Comencé sin bajarme la aplicación en WhatsApp, no recuerdo si por pereza, porque era de pago o porque no tenía espacio disponible para actualizar el IOS de turno. Algo tenía que hacer que no hice y me quedé sin emoticonos.
Y utilizando únicamente el lenguaje en un mundo de caritas amarillas, yo sobreviví.
¡Alucinante!



Y así he seguido durante estos años. Nunca los he echado en falta.
Ha pasado de ser un reto personal –podría decir que me motivan los retos absurdos que no llevan a ninguna parte- a formar parte de mí. Me comunico con palabras completas, sin abreviaturas y con tildes; pongo comas, puntos, incluso punto y coma -así de cursi soy-. La única licencia que me concedo es pasar del signo de interrogación o exclamación de apertura cuando chateo, pero me crea cargo de conciencia, no vaya a ser que a la RAE le dé por quitarlos por eso de adaptarse a las nuevas formas de comunicación… Y llevo fatal los cambios ortográficos y gramaticales de la RAE (no tengo superado sólo y me cae el éste sin tilde, ¡un drama!).


Creo que somos capaces de transmitir y entender la sorpresa, la ironía, la pena, el susto, la risa o la vergüenza sin un emoticono aclaratorio.
Un “Me parto” resulta igual de sugerente que una carita muerta de risa; claro que ésta puede repetirse 10 veces seguidas mientras que yo nunca escribiré “Me parto, me parto, me parto, me parto, me parto”. Entiendo que con una vez ha quedado confirmado que sí me hace gracia.
Tampoco considero necesario aclarar un vacile utilizando el pertinente guiño o guiño-lengua-sacada. O soy capaz de escribirlo para que entiendas que estoy de coña o puede que, tal vez, sea inapropiado; a ver si ahora las caras amarillas lo van a solucionar todo… Si el chiste ha sido hiriente, no creo que se haya creado todavía el emoji capaz de deshacer el entuerto, ya puedes poner besos y corazones a granel que, cuando pinchas hueso, duele…
Es tan fácil que cualquier anécdota resulte sorprendente a la par que espeluznante pero con un toque de humor, la versión de El grito está en todas partes. Yo utilizaría un “¡No me puedo creer!”, un “¿En serio?” o un “¡¿Pero qué me dices?!” dependiendo de las circunstancias. Puede ser que me quede corta y no consiga hacer llegar a mi interlocutor ese matiz de espanto pero qué se le va hacer, es un mensaje de mierda, tampoco nos vamos a poner tan quisquillosos.
No podré ruborizarme ni poner cara de pena.
Tampoco cerraré mis frases con una flamenca.
Nunca enviaré corazones rosas.
Sólo te aseguro que me comprenderás y, ¿no se trata de comunicarse?


Así que seguiré atrincherada en la palabra, resistiéndome ferozmente al emoticono. Porque para mí es importante, aunque no tenga ni idea de por qué…


02 junio 2016

30 mayo 2016

Mi madre.


Es alta y guapa. Siempre lo ha sido, esa belleza del sur, morena y de ojos oscuros.
Es alegre, simpática y sonriente. Una eterna sonrisa en los labios.
Es habladora y guasona.
Es luchadora y valiente.
Es cariñosa incluso cuando no nos lo merecemos.
Es estilosa, coqueta y presumida.
Es bailonga.
Tiene grandes valores: respeto, amor, tolerancia, perdón.
Es cuidadora; mamá gallina.
Es muy divertida.
Es dura, fuerte, y la vida la ha puesto a prueba demasiadas veces…
Es entregada y apasionada.
Es una abuela muy molona.
Es generosa, disfruta dando tiempo y amor.
Es el hombro en el que consolarse, que te recibe con un reconfortante abrazo.
Es sabia y un poco bruja.
Es olvidadiza.
Es casa, hogar.
Es el pilar de la familia.
La matriarca.
La que hace que todo funcione, que seamos piña aunque diluvie.
Es Mamá, Mami, Vieji, Bonita, Vieille, Abuela, La Anciana, Abuela Pelleja.

Y aunque no los aparente porque luce estupenda -no es sólo amor de hija-, ya le caen 60.

¡Muchas felicidades, mami!
¡Te queremos tanto y tan fuerte!

26 mayo 2016

Amanecedario.


Amanecer. Abrir un ojo; después, el otro.
Bostezar hasta sentir la mandíbula dolorida.
Carraspear intentando encontrar una voz, la nuestra, que sigue dormida.
Desperezarse, tratar de dejar atrás el pegajoso mundo de los sueños.
Estirarse hasta que la sangre circule por cada músculo.
Forcejear con las mantas, que parecen adheridas a nuestra piel.
Gatear hasta el borde de la cama, el abismo de un nuevo día.
Hundir la cabeza bajo la almohada, un fracaso estrepitoso.
Intentarlo una segunda vez. Abrir un ojo; después, el otro…
Juntar la fuerza de voluntad, desperdigada entre los pliegues de las sábanas.
Kilómetro cero, seguimos en el punto de partida: amanecer.
Levantarse, un pie fuera de la cama -mejor el derecho-.
Maniobrar con las zapatillas, cada una en su sitio.
¡No, estaban al revés! Pie izquierdo en zapatilla izquierda. Pie derecho en zapatilla derecha.
Oscilar varias veces hasta conseguir la verticalidad.
Partir de la habitación y enfilar el pasillo.
Quedarse quieto buscando un punto de apoyo en la pared.
Recobrar los sentidos perdidos. ¿Acaso me he vuelto a dormir?
Seguir caminando, sin rumbo aparente, por un pasillo que se alarga a cada paso.
Tropezarse con la alfombra. Cuántos peligros acechan a una mente adormilada.
Ubicada la cocina, procedemos.
Vaso de agua de trago.
¿Whisky? Mejor un café doble. Triple tal vez.
Xantocromía dental, demasiada cafeína, demasiadas mañanas…
Yerma la mente de ideas pero, al fin, también de sueño.
Zambullirse en otro día. Un nuevo día. Un día igual.