Estoy
acostumbrada a tener un vecindario amigable. En el edificio de casa de mis
padres, todos los vecinos son súper simpáticos. Te los cruzas en el ascensor y
te preguntan siempre por la familia, hacen carantoñas a los niños, sabemos
nuestros nombres, te felicitan por las buenas noticias y se preocupan cuando
algo sucede. Han subido a preguntar por nosotros, hemos bajado para
interesarnos por ellos.
Cuando
volé del nido, caí en una comunidad estupenda. La mayoría de las viviendas está
ocupada por gente mayor, discreta y educada. Hay también familia con hijos. Siempre
ha reinado la paz. Jamás nadie se ha quejado de nada.
Y,
de repente, llegaron los nuevos vecinos...
Te
enteras de su llegada por el ruido de las obras, los cartones en el ascensor,
el portal lleno de polvo, los martillazos, el taladro, el trajín de gente en el
portal con neveras, armarios, muebles, encimeras. Vienen a ser entorno a unos 5
meses en los que, nuestra amable comunidad, no hizo comentario alguno.
Pues
fue instalarse la parejita y empezar los conflictos vecinales. De manera
unidireccional: de su casa hacia las demás.
He
tenido la fortuna de que se instalen en el piso de abajo.
Su
dormitorio se encuentra bajo mi cuarto de baño, que utiliza un sistema de
desagüe llamado Sanitrit y funciona mediante un pequeño motor que se enciende
cada vez que abres un grifo y perturba su descanso, como tuvieron a bien contarme
al mes de instalarse, sentados en la mesa de mi cocina mientras daba la cena a
mi hijo. Me dijeron, directamente, que ya que tenía dos cuartos de baño, por
qué no usaba el otro. Muy amablemente respondí “Vuestra casa tiene dos habitaciones, ¿no? ¿Por qué no dormís en la
otra? Claro, vosotros no vais a cambiar vuestras rutinas por mí pero sí queréis
que yo lo haga por vosotros.”. Y no les debió de gustar demasiado mi
respuesta, en vista de los acontecimientos posteriores.
La
suerte me sonrió de nuevo cuando se rompió el sifón de mi ducha, a principios de
agosto, y hubo goteras y humedades en su recién estrenado hogar. Cuatro meses
fuera de casa para poder arreglar el desaguisado que hizo el fontanero del seguro.
A
finales de diciembre, vuelta a casa.
Su
bienvenida ha sido apoteósica. A los 15 días, unas nuevas e inexistentes
humedades me obligaron a dar parte al seguro.
Desde
entonces, tengo visita semanal de los municipales para decirme que el sonido de
mi desagüe supera en 5 decibelios el máximo permitido. Ya vamos por el cuarto
timbrazo de las autoridades a las 7:15 de la mañana. Lo mejor es que se
encuentran una casa súper silenciosa, una señora con la toalla en la cabeza
recién salida de la ducha y un niño en su camita que me pregunta “¿Quién ha venido, mami?” Yo, para rubor
municipal, contesto “Son los policías que
han venido a darte una sorpresa y despertarte. Venga, dales los buenos días y
diles que te ha gustado mucho su visita.”
El
tío se despierta antes que yo para llamar a los municipales, si esperara, no llegarían
a tiempo de medirlo.
A
las 7 de la mañana están permitidos hasta 35 decibelios. Los municipales me han
comentado que se generan 30, con picos de 40 ó 42.
Dice
que realiza sus propias mediciones con un aparato homologado. ¿Su aplicación
del Iphone cuenta o se ha comprado un sonómetro?
Y
lo mejor de todo, sus mails. Aquí van sus mejores momentos (faltas de
ortografía corregidas):
-
Te he pedido por favor que, hasta que soluciones el problema de algo que no
cumple la normativa, usaras por la mañana el otro cuarto de baño que tienes al
lado del que nos molesta.
-
Una pregunta... Mientras tanto... ¿es realmente necesario seguir usando ese
cuarto de baño a las 7 de la mañana aún sabiendo que incumple sobradamente la
normativa del ayuntamiento y que nos despierta cada vez que se utiliza?
-
Sólo te pido por favor que hasta que el tema se solucione no utilices ese
aparato.
- No has tenido ni el detalle de utilizar el otro baño cuando has llegado tarde a casa, da igual sean las 2,3 ó 6 de la mañana.
-
Yo ya me he molestado en comprar un sonómetro que cumpla con lo que exige el
ayuntamiento (página 29 de la ordenanza municipal adjunta).
-
Las mediciones que he realizado yo están en la línea de 45 y las que ha
realizado la policía en otras ocasiones que no han subido a tu casa, también 45.
-
Te he escrito un email la semana pasada con intención de que vieras que no
podemos estar así eternamente, que sepas que nos despiertas... Ni me has
contestado, has seguido despertándonos igual...
-
Te importa muy poco despertarnos cada mañana.
-
Descansar por la noche es sagrado.
-
Nos estás causando graves molestias.
-
Vamos a defender nuestro sueño/descanso.
Todo
esto ha pasado en el mes que llevo en casa y tardo 10 minutos en ducharme. Y
claro que voy a solucionar el tema. Voy a hacer todo lo posible por dejarlo en
35 decibelios clavados.
Como
dice mi hermAna, parece que Lennon y Yoko se han mudado al piso de abajo y
viven en la cama.