En
mi casa tenemos horario europeo. No es una cuestión de educación, productividad,
ahorro energético o cualquier otra buena intención nórdica, simplemente, a las
8:30 estoy deseando cerrar el chiringuito, con el niño en la cama y la casa en
silencio, y dedicarme a lo que quiera.
¿Y
cómo conseguir acostar a la criatura a esa hora?
Supongo
que hay que empezar desde muy pequeños, convencidos de que es un horario estupendo. Lo
más habitual es que dormir –a cualquier hora- no sea una tarea demasiado fácil.
Entonces, el Doctor Estivill hace su aparición y en tres días está todo medianamente
encarrilado.
Duérmete niño tiene sus
detractores pero hay un momento en el que el asunto se vuelve ridículo; tan
absurdo que no puedes disimular y ves el circo que estás montando.
La
clarividencia me llegó un día que, tras columpiar durante una hora en la
hamaca, con el salón a oscuras, una tortuga proyectando estrellas de colores en
el techo mientras canturreaba -creo que sólo me faltó hacer malabares en un
monociclo-, el tío seguía despierto, con los ojos como platos. Entonces lo
supe, había que hacer algo o acostarlo iba a ser un infierno diario.
Y,
aunque hubo que aguantar algún que otro llanto, lo conseguimos. ¡Y sigo viviendo
de esas rentas!
Desde
entonces, seguimos con el mismo horario: acostarse temprano y levantarse ídem.
Y como la segunda parte de la ecuación permanece constante -lo tengo comprobadísimo-,
por lo menos cerramos la persiana -literal y figuradamente- antes de las 21:00.
Claro que los fines de semana tenemos que seguir una rutina parecida, no vale acostarlo más tarde porque madrugará igualmente pero estará cansado y el día será muy largo y tedioso.
Claro que los fines de semana tenemos que seguir una rutina parecida, no vale acostarlo más tarde porque madrugará igualmente pero estará cansado y el día será muy largo y tedioso.
Hay
que elegir y prefiero esta espiral a la de tarde-tarde, sólo imaginar que a las
9 de la noche me quedan todavía dos horas de niño potreando, me entran sudores
fríos.
Es
que a las 11 de la noche un niño está tan pasado de rosca que lo mismo te corre
una maratón, con esa energía speedica
tan característica, pero yo sí estoy cansada de ser mamá.
Criar
es pura supervivencia, hacemos lo que podemos, pero creo que rascar un par de horas a la
noche es calidad de vida para los padres.
Hay días en que les daría tortilla francesa para merendar, y directos a la piltra. Los lunes, sin ir más lejos...
ResponderEliminarEn invierno, lo puedes hacer sin levantar demasiadas sospechas.
EliminarOh! Thanks a lot for the helpfully advices. Maybe, a little late for us.
ResponderEliminarMcCann Family.
Un diez te pongo niña.
ResponderEliminar¡Qué honor! Muchas gracias.
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