29 junio 2015

Vestidos de boda by H&M.

Hoy también nos vamos de compras, para inspirar alguna amiga rezagada con su look para la próxima boda.


Hay gente que prefiere comprarse un vestido bueno y amortizarlo en varios eventos. Yo soy de las que elige invertir poco y cambiar de look. Además, me gusta hacerlo sobre la marcha; entrar en H&M, probarme todo lo que tenga posibilidades y salir con el modelito en la bolsa hecho un gurruño -es conocida la delicadeza con la que las dependientas doblan y guardan las prendas-.

A H&M hay que ir con la mente abierta, nunca sabes qué vestido resultará ganador. Puede que en la percha no diga nada y puesto quede estupendo. Y viceversa, pensabas que estarías ideal y vas hecha un mamarracho. A veces es simplemente lo que parece, era cursi y así estás, se veía cutrillo y no has conseguido enmendarlo, no estabas segura del escote y pareces una escort, no decía demasiado y estás sosa y aburrida, tenía un punto choni y eres toda una poligonera. En la web, tres cuartos de lo mismo, las modelos no hacen maravillas así que tendrás que jugártela y vértelo puesto para poder decidir.

Aquí os dejo los vestidos a los que daría una oportunidad. Ya que voy a despelotarme y meterme en el probador, lo haré a lo grande -con un máximo de 7 prendas por tanda-. Habrá que esperar a verse antes de decidirse.











El vestido ganador es un misterio, nunca sabes por dónde puede salir H&M.
Aunque no he podido probarme todas estas propuestas –no estaban en la tienda-, lo que había fue suficiente para tomar una decisión; me pondré el vestido largo de gasa por 49,99€ que nunca habría elegido de un simple vistazo.


Y aunque suene extraño tratándose de ropa, no nos dejemos engañar por las apariencias, es la estrategia a seguir en H&M. Si hay suerte, nos plantamos monísimas en la boda por menos de 50€.

25 junio 2015

Ropa para niños: Camisetas para Simón.

Llega un momento en la vida de toda madre en el que hay que dejar atrás la ropa para bebé y empezar a vestirles con ropa para niños, de chicos mayores. Hay que dar el paso con sumo cuidado, no queremos que nuestra criatura tenga unas pintas espantosas con sus vaqueros de recién nacido. Tampoco se puede estirar la etapa celeste hasta el infinito, terminan pareciendo pajes de boda, siempre preparados para caminar hacia al altar con las arras en ristre.

Una vez tomada la decisión y aparcadas las polainas –más o menos a destiempo-, nos enfrentamos al problema de las tallas. Todavía no hemos dado el salto a la sección de niños pero la de bebés no basta. Un revival adolescente de la mano de tu descendencia, igual de frustrante que cuando tenías 13 años.


Aunque hace mucho tiempo que mi sobrino lleva ropa para niños, este verano está costando encontrar camisetas para él. Y la cosa no debería resultar complicada, las queremos normales, de algodón, manga corta y, a poder ser, monas. Un básico entre los 12 y los 24 meses que brilla por su ausencia en las tiendas.

Nuestra primera opción -H&M niños, obviamente- ha sido un fracaso. Muy poca camiseta y muchísimos bodies, una buena opción si te apetece llevar a la criatura toda remetida, con la camiseta dentro del pantalón, como si fuese un Julián Muñoz diminuto… A pesar de buscar con mucho empeño, nos hemos vuelto a casa con las manos casi vacías.

Y como quiero mucho a mi sobrino y soy una tía súper maja y una hermana encantadora, me he dedicado a ver qué encontraba para él (disponible en su talla).
Aquí van mis hallazgos, bastante escuetos para lo sencilla que parecía la tarea:

  • Zara kids



  • Mango kids


La próxima vez, seré mejor tía y en vez de fisgar y hacer un post, le regalo ropa para niños. Seguro que mi hermAna lo preferirá con creces.

22 junio 2015

¿Qué haces cuando no haces nada?

  • Dormir hasta que lo pida el cuerpo, sin prisa, sin culpa y con la persiana cerrada a cal y canto -no vaya a ser que la luz me despierte antes de tiempo-.
  • Pasarme horas leyendo, perdiendo la noción del tiempo hasta que toca encender la luz. Y seguir un ratito más, hasta que sea tardísimo y acabe trasnochando de pura enganchada.
  • Remolonear, echando las siestas y cabezadas que mi cuerpo estime oportunas.
  • Ver una película. O dos.
  • Tumbarme en el sofá y evitar la vertical durante toda la jornada. Al final del día, necesitaría el alta médica para ponerme en pie.
  • Fisgar Pinterest y descubrir un montón de cosas bonitas.
  • Echarme unas risas con el ingenio tuitero.
  • Comer cualquier cosa, normalmente con muchas más calorías de las necesarias, siguiendo la ley del amodorramiento y la comida basura. Después de un día así, podría hibernar.
  • Tragarme unos cuantos programas de reformas de casas canadienses –la versión patria da ganas de llorar-. O de subastas, vestidos de boda, jefes infiltrados, restaurantes asquerosos...

PUIG - Somni
Galerie Ariel Sibony

Los días en los que no nos apetece hacer nada pueden resultar de lo más productivos.

18 junio 2015

La gota china.

Es superior a mis fuerzas. Me está consumiendo, desgastando.
Voy sumiéndome en una desesperación espesa y pegajosa.
Un grito lúgubre se ahoga en mi garganta cada mañana.
La rabia se alterna con un profundo abatimiento mientras el tiempo pasa y nada cambia.
Los ojos, doloridos, se esfuerzan por contener unas lágrimas que amenazan con inundarlo todo.
La tristeza gris sigue goteando, colándose por todos los rincones hasta calar el alma.
Resignarse parece una quimera, inalcanzable desde el húmedo y frío abismo del desaliento.


No puedo aceptarlo, me resisto.
Me revuelvo mientras cojo el puto paraguas otro día más.
Me enfado poniéndome la puta gabardina a finales de junio.
Me indigno llegando a casa calada hasta los putos huesos.
Me desespero porque he calculado mal y tengo frío.
Lloro porque confié en ese puto rayo de sol que veía desde la ventana y me he vuelto a mojar.


Y lo que más me desazona es la puta constancia de esta lluvia que no cesa.

¡A ver si escampa ya, coño!


15 junio 2015

Difama, que algo queda.

No podemos controlar lo que la gente piensa de nosotros, ni tampoco lo que dice. Es tan fácil inventarse cualquier cosa sobre otra persona, basta con abrir la boca y soltar lo que te reviente. Rodéalo de un halo de secreto compartido y ya lo tienes. Ahora sólo hay que esperar que el rumor se extienda -la rapidez será función del morbo- y listo. Ya tenemos el comentario destructivo circulando.



El difamador, además de serios problemas, tiene la gran ventaja de gozar de impunidad durante un prolongado espacio de tiempo. Desde su atalaya de falsedades, controla las relaciones de su entorno. Ha ido sembrando discordias, contando las mentiras adecuadas aquí y allá. Ha conseguido tejer una maraña de tensiones y malentendidos que maneja a su antojo. Como sólo él entiende lo que sucede, puede aprovecharse de la situación.
Además, es astuto. Los dardos envenenados van siempre dirigidos a los puntos de conexión clave, de modo que resulte improbable que los afectados contrasten la información. Se ha asegurado de minar todos los puentes que conducen hasta él, haciéndose, de nuevo, con el control.
Y así, va acercando y alejando a las personas, según su propia conveniencia.


Pero llega un día en el que el círculo se cierra. Probablemente suceda por casualidad, es complicado mantener una versión coherente en el tiempo durante años. Tal vez, confiado, haya bajado la guardia. Entonces, todo chirría, cruje, se agrieta pero encaja. Las cartas se han puesto boca arriba y aparece claramente su jugada: era un farol.

Cuando los extremos de la soga se atan, en medio sólo quedan el difamador y todas sus mentiras, medio verdades, verdades descontextualizadas y comentarios dañinos.
Ahora podemos ver su fondo y es demasiado oscuro.


11 junio 2015

Los grandes temas a explicar.

Los niños, sus preguntas, dar con la respuesta adecuada… ¿Cómo afrontar las dudas existenciales de nuestras criaturas? Pues, francamente, no tengo ni idea.


Básicamente, me guío por tres principios básicos:
  • Contestar únicamente a la cuestión planteada.
  • No meterme en ningún fregado.
  • Salir de ahí lo antes posible.

Y cumpliendo estas sencillas reglas, vamos sobreviviendo. Él pregunta lo que quiera y yo respondo lo estrictamente necesario, sin dar información adicional que pueda abrir la puerta a nuevos asuntos que no se le hayan ocurrido de motu propio. No subestimemos el poder de un por qué, en un tris estás metido en un jardín.


Por supuesto, las primeras pesquisas son una cuestión de género, yo tengo, tú no tienes, yo no tengo, ¡qué grande!, ¿qué tienes? et ainsi de suite
Lo dicho, ante estas situaciones, cerremos rápido que no sabemos qué derroteros puede tomar la conversación.
- ¿Tienes pito?
- No.
Si hay suerte, se acaba aquí. Si le da por indagar, haremos lo que podamos.
- ¿Por qué?
- Porque soy una chica y las chicas no tenemos pitilín.
Nótese aquí cómo contesto claramente sin empantanarme.

Tarde o temprano, surgirán las evidentes dudas colaterales.
- Y si no tienes pito, ¿haces pis?
- ¿Haces caca?
- ¿Por qué te sientas?
- ¿Y por dónde haces pis?
Y un millón de vueltas más al mismo asunto, desde cualquier óptica posible.
- Sí.
- Sí.
- Las chicas no podemos hacer pis de pie, no podemos apuntar así que nos tenemos que sentar.
- Pues también tenemos un agujerito para hacer pipí, lo que pasa es que no se ve.


Otro tema puntero es la muerte. Creo que les gusta simplemente decirlo, no tengo claro qué forma le dan en sus cabezas.
La muerte suele aparecer viendo dibujos:
- ¡Se ha muerto!
- Sí.
Espero a ver si sucede algo más… Parece que no. Tema zanjado por hoy.
Una versión más compleja, que trabaja últimamente, es la siguiente:
- ¡Se ha muerto! Ya no está.
- No, no está.
De nuevo la incertidumbre. ¿Desarrollará el tema? Porque, en este punto, sólo queda recurrir al cielo. Y, en mi caso, no deja de ser hambre para mañana, que ando muy escasa de fe como para agarrarme a la otra vida -con sus posteriores aclaraciones-. Pero, claro, tampoco le voy a decir que polvo eres y en polvo te convertirás.
Me quedo con el cielo, ya gestionará las discrepancias realidad-religión mi yo del futuro.


Y por último tenemos los asuntos más básicos, dudas sencillas sobre física, astronomía, medicina, biología… de los que no tenemos ni idea. Además de lidiar con la humillación y el analfabetismo, hay que salir del atolladero. Solución: medio responder algo que suene creíble, posible o no demasiado alejado de la verdad, aunque siempre podemos irnos por la tangente.
- ¿Por qué tenemos huesos?
- Nos hacen falta para poder estar de pie, estirar los brazos… Si no tuviéramos, seríamos blanditos.
¡Toma ya! ¡Viva la medicina!
- ¿Por qué la Coca-cola tiene burbujas?
- Porque tiene gas.
- ¿Por qué?
- Porque se lo han puesto para que esté más rica.
Estoy esperando que me reclute alguna universidad para hacer una tesis doctoral.
- ¿Por qué hay eco?
- Porque el sonido rebota en las paredes.
- ¿Por qué?
-...
Y siguió jugando con el eco y dejando a su madre sumida en la miseria. ¿Cómo era? ¿Rebota y se amplifica? Voy a mirar en Google. Creo que tengo que retomar el tema y quitarme la espina de la ignorancia.


Ser padre consiste en aprender. Y no sólo sobre la vida, es aprenderte la tabla del 7 que la tienes oxidadísima, si es que llegaste a sabértela en condiciones.

08 junio 2015

Ansiado verano.

Cuando la meta vacacional está más cerca que nunca, el tiempo transcurre demasiado despacio. Ya queda menos, está al alcance de la mano, pero el sprint final cuesta tanto... Llevamos todo el año a cuestas y el cansancio ha hecho mella.



El día se hace largo. Y las tardes también. La falta de energía se nota al despertar y nos acompaña durante toda la jornada. Y esto ya no se soluciona acostándose temprano, no es cosa de una noche. Es el agotamiento acumulado, son todos los madrugones del año, todas las prisas por llegar a tiempo, todas las horas de curro, todo el estrés, todas las broncas, llantos y pataletas reclamando su compensación. El cuerpo y la mente se están quedando sin batería y no sé cómo puedo enchufarme a la red.

Suena el despertador demasiado pronto. Vamos a la parada cada vez más apurados de tiempo. Llego a la oficina arrastrada y sólo queda producir el día entero. Además, hay que intentar ser una madre decente hasta que se acueste la criatura. Casi nada.

Sueño con las vacaciones, me imagino despertándome tarde, leyendo en la playa, echando una siesta, tomando unas cervezas en una terraza. Un verano totalmente idealizado pero, en estos momentos, necesito creer. Tener la vista puesta en un futuro mejor para llegar a fin de curso.


Pero bueno, casi está. Sólo un par de meses más.
¡Mierda! Pensaba que faltaba menos, 60 días son un huevo.
Llorar.