- Te acerca a tu gente; mucho más a los que están lejos y ves menos de lo que te gustaría.
- Te incomunica con los que tienes justo al lado, cuando estás pegado a la pantalla de tu teléfono chateando sin parar.
- Te agobia cuando no para de sonar y ves 187 mensajes sin leer.
- Te preocupas si está en silencio mucho tiempo.
- Tiene memoria. Mucha más que tú.
- Te dan los buenos días. Y las buenas noches.
- Te acompaña cuando estás aburrido, siempre habrá un amigo que necesita pasar el rato tanto como tú.
- Te rayas con en línea, leído, escribiendo, última conexión.
- Te enseñas. Eliges cuidadosamente la foto que quieres que vean, el estado que quieres que lean. Un escaparate para tus contactos.
- Te ríes con tus colegas de chorradas.
- Espías.
- Haces terapia de grupo.
- Te dice si alguien sabe escribir o tiene un analfabetismo galopante. Y pasas muchísima vergüenza.
- Te confiesas.
- Te arrepientes.
- Ves crecer a los hijos de tus amigos. Y dar sus primeros pasos casi en tiempo real. Y tienes más fotos de ellos en tu móvil que de tu propio hijo.
- Tiene más validez legal ante terceros que un burofax “¡Si te he puesto un whatsapp!”
- Relees qué te han dicho.
- Analizas qué has respondido.
- Te mandan besos, corazones, corazones con flecha, sevillanas, piñatas y confeti, tartas de cumpleaños, monos, una cerveza, el Grito de Munch…
- Se adelanta a tus pensamientos escribiendo la palabra por
Tu
Tú
Te
Ti,
¡cojones!
- Ha hecho renacer las relaciones epistolares, acompañadas de fotos ad hoc.
- Marca las distancias con sus silencios. Y puede colocarte muy lejos…
- Te llena el teléfono de miles de mierdas: chistes, vídeos, cadenas amenazantes (¡¿cómo hemos dejado que lleguen aquí también?!), avisos de lotes de medicamentos infantiles caducados.
- Esconde secretos, a veces.
- Da una nueva dimensión a la puntuación:
Ha
puesto puntos suspensivos, no punto, ¿qué crees que querrá decir?
Lo
ha escrito entre exclamaciones, seguro que se ha cabreado.
EN
MAYÚSCULAS, no te digo más…
- Te confundes pensando que las palabras enviadas sonaban bien. No suenan.
- Te equivocas poniendo el tono al mensaje recibido. No tiene.
- Te quieren, te echan de menos y te lo dicen. Y lo escribes tú también.












